17 de agosto de 2010

La prostitución en los periódicos


Publicado en el IJM.

Hace varias semanas el presidente Zapatero volvió a exhibir sus ideas liberticidas. Fue durante el debate sobre el estado de la nación, cuando aseguró que "mientras sigan existiendo anuncios de contactos se estará contribuyendo a la normalización de esta actividad; por ello, estos anuncios deben eliminarse. Los anuncios de publicidad de la prostitución deben eliminarse".

El presidente debería entender varias cosas. Primero, que la prostitución está normalizada hace milenios. Es una actividad que está estabilizada en la normalidad desde que el hombre es hombre. Como Zapatero parece no haberse dado cuenta de este hecho (pese a que ya no es un tierno e ingenuo infante), confunde clamorosamente causa y efecto, ya que no son los anuncios en los periódicos los que hacen que la prostitución se normalice, sino más bien al contrario: el hecho de que la prostitución esté tan normalizada y demandada hace que se tenga que anunciar ampliamente. A no ser que el presidente, con su peculiar lógica cerebral, crea que la publicidad puede sostenerse en el tiempo si no hay una demanda que lo soporte. Pero la realidad nos indica que si ese servicio no estuviese tan solicitado no existirían tantos anuncios, ya que los anunciantes no encontrarían rentables las inversiones realizadas en publicidad.

Quizás lo que se debería proponer es normalizar la prostitución en el sentido jurídico, es decir, legalizarla. Como ya expuse en otro artículo, si el intercambio (practicar sexo a cambio de dinero) no viola los derechos de nadie, ¿con qué derecho alguien puede inmiscuirse y prohibir un acuerdo voluntario y libre entre dos personas? Y más, sabiendo las consecuencias que se derivan de su ilegalidad.

El mismo razonamiento utilizaría para la publicidad en los diarios: si una persona quiere anunciar un servicio para llegar a un posible acuerdo con otra persona, ¿por qué impedirlo? O mejor dicho, ¿qué derecho tenemos a prohibirlo?

Ciertamente, a nadie se le obliga a punta de pistola a comprar un periódico y a tener que leerse los anuncios de prostitución. Si alguien considera que la prostitución es moralmente reprobable (está en su total derecho y probablemente yo me encuentre entre ellos), la solución no pasa por restringir la libertad de la sociedad, sino en no comprar ese periódico o simplemente pasar rápidamente esas páginas, tan rápido al menos como hace Zapatero con las de la sección de Economía.

Lo que sí es totalmente lícito éticamente hablando es, además de no comprar el periódico, promover y participar en una campaña de publicidad para concienciar a la gente de que la prostitución y/o los anuncios son perjudiciales para la persona y para la sociedad. O incluso promover un boicot público (pacífico, se entiende) al periódico instando a la gente a no comprarlo debido a sus anuncios de prostitución.

Claro que ya saltarán algunos con lo que se suele sacar a relucir siempre que se quiere prohibir algo o restringir la libertad individual de alguna manera: los niños. "¡Y qué será de los niños!"; "¡Qué pasa si los niños ven esos anuncios de prostitución!"; "¡Irán a un prostíbulo, se aficionarán a la prostitución y serán puteros toda su vida!"; "¡Horror!"

La respuesta a esta reacción histérica, hipócrita, inmadura y cateta es simple: educación. Educación por parte de los padres, evidentemente. Que para eso están, y no para dejar que otros los eduquen por ellos.

Los padres deberían explicar a sus hijos lo que es la prostitución, en vez de ocultar su existencia, cosa que por otra parte no podrán hacer por mucho tiempo: deberían comentarles cuáles son los motivos que llevan a una persona a practicarla; deberían hablarles acerca de la diferencia entre prostitución y trata de blancas; deberían razonarles los motivos por los cuales no sería bueno que ellos la practicasen (si es que así se lo dicta su moral); y deberían enseñarles que la prostitución puede ser moralmente mala y no conveniente para la persona, pero que aún así no es correcto prohibirla por ley, ya que hay que respetar el derecho de los que deciden practicarla libremente.

Es decir, los padres no deberían esconder la realidad, sino explicarla y razonarla. Eso es educar en la libertad, en la tolerancia y en la responsabilidad, todo ello sin renunciar a su moral.


1 comentario:

Cliente X dijo...

Hola Juan, creo que has dado en el clavo, el problema de fondo es de LIBERTADES: los socialistas vuelven a practicar sus juegos de ingeniería social, tratando de retorcer la realidad para ajustarla a su rígida visión del mundo. Y lamentablemente lo están consiguiendo ya que casi no encuentran ninguna oposición.

No obstante he de hacer algunas correcciones a tu artículo, pues como quizá no estés familiarizado con el mundo de la prostitución has confundido varios términos.

Cuando se habla de NORMALIZACIÓN de la prostitución se quiere decir que esta actividad, como bien dices tan antigua como la humanidad, deje de estar mal vista. Porque tan cierto es que es un hecho social persistente como que carga con un profundo rechazo cultural. Los socialistas lo que pretenden es crear un ambiente de hostilidad hacia la prostitución, comenzando por el empleo de términos peyorativos (se califica esta actividad como "degradante", las mujeres reciben el nombre de "esclavas sexuales" y a nosotros se nos denomina "prostituidores") y siguiendo por una completa manipulación y falseamiento de la realidad (dicen que la mayoría están forzadas a ello, que sufren secuelas psicológicas, que es un mundo vinculado al delito...). Estas estrategias son típicas de los liberticidas, no les va a doler la boca por mentir.

Pero nosotros hemos de responder, si nos quedamos callados otorgamos. El mes pasado Rubalcaba ordenó ejecutar la Operación Afrodita, para respaldar las afirmaciones de que tras los anuncios de prostitución se hallaban mafias de trata de personas. Los medios anunciaron a bombo y platillo que habían sido "liberadas" 350 mujeres prostituidas por una red. ¿Cual es la realidad? Que ejercían libremente, pero gracias a sus "salvadores" perdieron su empleo y 34 de ellas fueron internadas en un CIE. Es decir, a ellos se les llena la boca con bonitas frases diciendo que van a socorrer a estas personas pero luego su práctica las perjudican. En tu última entrada cuentas que Reagan bromeaba diciendo "Las 9 palabras más terroríficas en el lenguaje: soy del gobierno y estoy aquí para ayudarle", eso es exactamente lo que está haciendo Zapatero respecto a la prostitución (y no entro en otras materias porque a la vista está...).

El otro concepto que confundes es el de legalización por regularización. Ejercer la prostitución -o solicitarla- no constituye un ilícito penal. Sin embargo no es una actividad contemplada ni por el código civil ni por el laboral, no se halla regulada. Sencillamente es "como si no existiera". Esto se traduce en graves situaciones de indefensión y vulneración de los derechos de estas personas, especialmente por parte de quien "debería" protegerlas, las autoridades públicas.

Nada más, con el resto concuerdo. Que los padres eduquen a sus hijos según sus convicciones, a ser posible tratándoles de informar objetivamente sin ocultar la realidad. Cuando maduren ya decidirán qué camino seguir, tan válido es que se metan a puteros o a frailes.

Quizá te interese leer lo que escribí en su día sobre tus colegas Paco Capella y María Blanco. Asimismo Federico comentó las palabras de Zapatero. Supongo que te agrade ver que respalda nuestras tesis liberales.

Recibe un fuerte abrazo, como tienes varios artículos sobre prostitución tengo que escribir una entrada al respecto. Ya te avisaré cuando lo haga.

Cliente X: defendiendo la prostitución, defendiendo la libertad.