7 de noviembre de 2008

Sobre la paradoja del valor: ¿por qué los diamantes cuestan más que el agua?


En este artículo hablo acerca de "la paradoja del valor", es decir, por qué hay ciertos bienes (diamantes, oro) que tienen más valor que otros bienes más vitales para el ser humano (agua, comida). Se ha publicado en Asturias Liberal.


He recibido un mail en el que se me pregunta por qué los alimentos o el agua, siendo “vitales” para el ser humano, valen menos que los diamantes o el oro. Se trata de una cuestión clásica que se ha denominado “la paradoja del valor”. Trataré de responder lo mejor que pueda.

En efecto, la paradoja del valor (o paradoja de los diamantes y el agua) es una paradoja dentro de la economía clásica que expresa que, aunque el agua es más vital para el ser humano que los diamantes, éstos tienen un precio mucho más alto en el mercado. Adam Smith menciona la paradoja en La riqueza de las Naciones. De todas formas, Adam Smith no fue el primero en notar la paradoja. Nicolás Copérnico, John Locke, John Law y otros habían intentado explicar la disparidad en el valor entre el agua y los diamantes. Esta paradoja fue solucionada por Carl Menger (padre de la escuela austríaca), Jevons y Walras casi simultáneamente.

Veamos. El
valor de un bien (utilidad) es la apreciación subjetiva más o menos intensa que el actor da al medio que piensa que servirá para satisfacer un fin. Conforme el fin tenga más importancia, el valor del medio será más alto. El hombre al actuar decide entre las diversas posibilidades ofrecidas a su elección. La discriminación es inherente a la acción humana porque los medios son escasos. Habrá, por tanto, un proceso de elección, ya que el actor preferirá una opción a las demás dependiendo de su escala valorativa. Dice Mises que cuando el hombre actúa, “se representa mentalmente una escala de necesidades o valoraciones con arreglo a la cual ordena su proceder”.

El valor de los bienes en esta escala valorativa no depende de su valor vital, sino de la utilidad de una determinada cantidad de bien. El ser humano no toma decisiones en términos generales/globales (toda el agua frente a todos los diamantes), sino que según el contexto de acción en que se encuentre, las decisiones se efectúan en base a unidades relevantes de bien perfectamente intercambiables para ese contexto en el que se esté implicado. No suele ser común que la unidad relevante sea toda el agua o todos los diamantes del mundo.

Pongamos un ejemplo. Imaginamos a una persona que está en un desierto a punto de morir de sed y de insolación. Su escala valorativa sería la siguiente:

(1) 1º vaso de agua (para sobrevivir)
(2) sombrero (evitar la insolación)
(3) 1º racimo de dátiles
(4) 2º vaso de agua
(5) 2º racimo de dátiles
(6) 3º vaso de agua

En este contexto, la unidad relevante es un vaso de agua, no toda el agua del mundo. Y toma decisiones enfrentando un vaso de agua más o menos frente a un racimo de dátiles más o menos y un sombrero.

Pues bien, el criterio por el que se asigna valor a un bien concreto está determinado por la importancia que tienen las necesidades de más baja prioridad que ese bien puede satisfacer con la cantidad disponible. Es decir, el valor de un bien será el valor de la menos importante de las necesidades que asegura ese bien. Dicho de otra manera, el valor de cada una de las unidades relevantes perfectamente intercambiables vendrá determinado por el valor que tenga la última unidad relevante de bien en la escala valorativa. A esta utilidad se la denomina utilidad marginal, porque está “en el margen” de la escala valorativa. Es a este nivel de importancia que la persona valora la disponibilidad de un bien, aunque ese mismo bien pueda satisfacer necesidades de mayor importancia. Es de esta manera que Menger solucionó la paradoja del valor al introducir la utilidad marginal.

En el ejemplo anterior, cada vaso de agua tiene la importancia del tercer vaso de agua. Es el tercer vaso de agua el que determina el valor de todos los demás, y no el primero. Si pierde un vaso de agua habrá perdido el 6º fin/satisfacción, no el primero (no morir de sed). Por tanto, si tiene que elegir entre perder un vaso de agua o los dátiles, preferirá perder el vaso de agua, porque es el último fin dentro de su escala valorativa. Sólo decidirá no perder el agua si el dilema es quedarse con toda el agua y con todos los dátiles.

Vemos que cuanto mayor sea la cantidad de que dispongamos de un bien tanto menor será el placer que nos produzca cada unidad y tanto más bajo será también el lugar que ocupe dicho bien en nuestra escala de valores. El valor de la unidad marginal es cada vez menor, debido a que se asigna a un fin que también se valora cada vez menos. La ley de la utilidad marginal es decreciente.

Además, la caída o descenso de la utilidad marginal es más pronunciada cuanto más vital y urgente es un bien. La necesidad de estos bienes (agua y comida) es muy poco elástica, llegando relativamente rápido a la saturación.

Resumiendo. El valor que otorgamos al agua no está determinado por la utilidad de un vaso de agua que nos salvaría la vida (utilidad infinitamente grande como es lógico), sino por la utilidad del agua que empleamos para bañarnos, por ejemplo. Por eso valoramos más el oro y los diamantes que el agua, porque existe tal cantidad de agua que podemos satisfacer necesidades de muy escaso valor para nuestro bienestar, como regar las flores o tirarnos globos de agua.


3 comentarios:

Rafa Garay dijo...

Muy bien explicado, Juan.
¡Se nota que eres todo un filósofo 'austriaco'!
Como muy bien explica Röpke en el 1º capítulo de su "La teoría de la economía", a mayor 'velocidad de caída de la utilidad marginal' de un bien, menor es la 'elasiticad de la necesidad' de ese mismo bien.

Jake dijo...

Hola Juan, estaré encantado de leerte, pues hay muchas cosas de las teoría liberal que no comprendo. En realidad suelo estar en contra de ellas, pero eso es una tontería -lo de estar en contra, me refiero-, si se ignora, como me ocurre a mí, en que consiste. Por eso te leeré, para enterarme un poco, puesto que soy un buscador de verdades y, a bote pronto, "mis" verdades, posiblemente confundidas, no se parecen a ese liberalismo. Pero ya te digo, son tantas cosas las que ignoro. Por ello, no te molestes si descubres en mi blog posturas atitéticas a las tuyas, o en los enlaces. Solo quiero enterarme y saber, oír lo que dicen unos y otros... Un saludo. Espero, si me lees, que no tomes a mal mis apreciaciones, que pueden ser contradictorias a las tuyas, porque, como te digo, no tengo nada claro. Un saludo desde el Valle del Jerte

Jake dijo...

Por cierto, me gustaría que hicieras un comentario a una cosa que yo llevo dándole vueltas y muy sencilla: la teoría del valor de las mercancias, suscrita por marx, en conexión con la teoría de la utilidad.