27 de julio de 2009

Honduras, espejo de América Latina


En este artículo publicado en el IJM comento los sucesos acontecidos en Honduras señalando que tanto Zelaya como los golpista incumplieron el orden constitucional.

Manuel Zelaya, el depuesto presidente de Honduras, pretendía manipular la Constitución hondureña para eternizarse en el poder. Todo a imagen y semejanza del presidente venezolano Hugo Chávez, por el que Zelaya se sintió atraído justo desde el momento en que ganó las elecciones hondureñas. Prueba de ello fue que no tardase en proclamarse socialista y amigo de Hugo Chávez una vez aterrizó democráticamente en el poder hondureño.

Zelaya fue advertido repetidamente por la Corte Suprema de la ilegalidad de su referéndum, ya que la Constitución de la República de Honduras prohíbe explícitamente la reelección presidencial (artículo 239). Cuando la Asamblea Nacional Constituyente aprobó la Constitución en 1982, estableció que varios artículos fuesen irreformables o “pétreos” mediante el artículo 374. No sólo prohíbe que se reforme dicho artículo, sino que también manda castigar a quien proponga dicha reforma. Teniendo esto claro, es evidente que las intenciones de Zelaya de utilizar un referéndum (“encuesta de opinión”, según él) para posibilitar la reelección eran claramente inconstitucionales.

La situación se agravó definitivamente cuando Zelaya ordenó a las Fuerzas Armadas que llevasen a cabo la logística del referéndum. El general Romeo Vásquez se negó por considerarlo inconstitucional y fue destituido de su cargo, lo que motivó el posterior golpe de estado.

Porque lo que sucedió en Honduras fue un golpe de estado. El general Romeo Vásquez tomó el poder político de forma violenta vulnerando las normas y leyes vigentes. Será difícil encontrar ningún artículo en la Constitución y leyes hondureñas que establezca que cuando un presidente actúa inconstitucionalmente los militares puedan entrar en su habitación a punta de pistola y expulsarlo a otro país sin haber sido juzgado y condenado en juicio legal.

Y es que la amenaza a la democracia constitucional que representaba Zelaya no se debería haber resuelto mediante golpes de estado bananeros, sino haciendo prevalecer el orden constitucional, es decir, siguiendo fielmente lo que las leyes hondureñas establecen para juzgar el delito del presidente. La Corte Suprema debería haber declarado el referéndum como ilegal y convocado al Congreso de la Nación para detener a Zelaya y destituirlo de su cargo. En definitiva, este proceso se tendría que haber realizado de forma legal y transparente, y no mediante un golpe de estado surgido de la conspiración de los adversarios políticos de Zelaya y los militares. La ley no se defiende violentándola. Nadie debe estar por encima de la ley.

Y éste es el gran problema de América Latina y de otros lugares del mundo (incluyendo países del Primer Mundo): la continua violación o ausencia del Estado de Derecho. La democracia sin un Estado de Derecho que garantice y respete los derechos individuales naturales del hombre (vida, propiedad y contratos) no logra generar paz y prosperidad. En América Latina observamos continuamente lo contrario: violencia y pobreza. Violencia, porque no hay un poder judicial que haga valer los derechos del individuo y limite al poder político. Pobreza, porque la economía de mercado no puede funcionar sin la protección de los derechos de propiedad, vida y contratos.

Quizás en Latinoamérica se debiera tener muy presente a Juan Bautista Alberdi, lúcido liberal argentino, que en La Omnipotencia del Estado es la Negación de la Libertad Individual (1880) escribió lo siguiente:

“El Estado se hace fabricante, constructor, empresario, banquero, comerciante, editor, y se distrae así de su mandato esencial y único, que es proteger a los individuos de que se compone contra toda agresión interna y externa. En todas las funciones que no son de la esencia del gobierno obra como ignorante y como un concurrente dañino de los particulares, empeorando el servicio del país, lejos de servirlo mejor.”


2 comentarios:

Martha Colmenares dijo...

Es como si a Hitler se le hubiese tenido que pedir un permisito para llevarlo a juicio.
Igual nos tacharon de golpistas a los venezolanos que salimos el 11 de abril de 2002, por ejercer nuestro derecho constitucional.
Total, que se están inflando los tiranos como Chávez, que se permiten violar la Carta Magna y secuestrar los poderes.
Aunque bastante complejo por eso puedo entender tu valoración, no es fácil, si la mayoría de los mismos venezolanos no lo entienden que esperar de quienes lo ven del otro lado del charco.
Abrazos

Juan Morillo Bentué dijo...

“Es como si a Hitler se le hubiese tenido que pedir un permisito para llevarlo a juicio.”

Me temo que no has entendido el artículo. En ningún lugar del mismo he sostenido que haya que pedir un “permisito” ni a Hitler ni a Zelaya ni a nadie que viole el orden constitucional vigente. Lo que si que defiendo es precisamente que se lleve a juicio a Zelaya tal y como establece la Constitución hondureña, cosa que no han hecho los golpistas en Honduras, que en vez de llevarlo ante los tribunales lo exiliaron a Costa Rica.

“Igual nos tacharon de golpistas a los venezolanos que salimos el 11 de abril de 2002, por ejercer nuestro derecho constitucional.”

Si alguien os tachó de golpistas por ejercer vuestro derecho constitucional de libertad de expresión (o manifestación) se equivocó. Vosotros no desacatasteis la Constitución, como sí que lo hicieron los militares en Honduras al enviar a Zelaya a Costa Rica. Eso sí que es un golpe de Estado y los que lo llevaron a cabo merecen ser llamados golpistas (o gorilas).

“Total, que se están inflando los tiranos como Chávez, que se permiten violar la Carta Magna y secuestrar los poderes.”

Lo único que beneficia a Chávez y su pandilla de dictadorzuelos es que se intente combatirlos saltándose el Estado de Derecho, es decir, siendo golpistas. Combatir a un golpista del orden constitucional como Zelaya mediante golpes de estado bananeros es lo que da alas a los populistas socialistas como Chávez y compañía.

“Aunque bastante complejo por eso puedo entender tu valoración, no es fácil, si la mayoría de los mismos venezolanos no lo entienden que esperar de quienes lo ven del otro lado del charco.”

Yo no veo que los sucesos de Honduras sean complejos o difíciles de valorar y entender. Los hechos son clarísimos, al menos para alguien que defienda el Estado de Derecho, el orden constitucional y el sistema legal de un país. Y esto lo sabemos muy bien “los del otro lado del charco”, porque fue precisamente aquí donde se inventaron los mecanismos liberales de limitación de poder como son las constituciones y la división de poderes. Mecanismos que en Latinoamérica brillan por su ausencia por parte de unos y de otros.


Saludos.