—¿Es justo un parón como el previsto?
—Rotundamente no, por eso hago esto. Primero, el sector turístico español no se merece una amenaza de huelga como esta. Y segundo, los controladores aéreos hemos sido unos privilegiados; incluso ahora, en condiciones menos favorables, lo seguimos siendo. Además, están pagando justos por pecadores: no todos los sueldos han sido tan gigantescos como los que dijo el ministro José Blanco, pero las cifras que dio sí eran ciertas: el salario medio era de 330.000 euros, y había gente que ganaba más. Por eso que algunos digan ahora que sólo cobramos 100.000 euros... Estamos hablando de una asociación muy cerrada que se preocupa muchísimo solo de ellos mismos. Sí, somos 2.400 familias, pero el país son 45 millones de personas. Que piensen en el resto del país.
—¿Pero cómo se ha llegado a esta situación?
—Pues porque son los únicos con la competencia para dar un servicio tan esencial como este. Ellos dirigen la escuela y en parte establecen el filtro para decir cuántos controladores. Y son los que deciden, casi de forma unilateral, cuántos controladores hay en cada turno. Eso originó una situación en la que siempre había más gente de la
necesaria en la torre de control, cobrando, por supuesto, esas horas extras en las que no se trabaja al cien por cien de lo podría haber exigido AENA. También ha favorecido esta situación la ultraactividad del convenio colectivo: es tan bueno que ahora no se va a
renunciar a nada de lo conquistado, siempre se va a pedir más. Todo esto se desmelenó hace cinco años, más o menos, cuando Barajas empezó a operar con las cuatro pistas y no se sabía cuáles iban a ser las necesidades en la torre de control. Para saberlo, AENA, evidentemente, preguntó a los controladores. Y como ellos deciden cuánta gente hace falta...
—¿Pues son ellos los que dicen que si no se atienden sus demandas se está poniendo en peligro la seguridad de los pasajeros?
—Esas son acusaciones muy graves. Están vendiendo el miedo, asustando a la gente. Es su estrategia, una campaña de imagen que utilizan para presentarse como víctimas ante la sociedad y responsables únicos de la seguridad de la aviación. Exageran cada vez que hacen declaraciones públicas en las que dicen sentirse esclavizados y denigrados. Yo
no me siento así, así que nada de eso, a mi jucio, es cierto.