23 de junio de 2008

Nosotros, los contribuyentes



En este artículo comento el día a partir del cual dejamos de trabajar para el Estado: el Freedom Tax Day. Se ha publicado en Asturias Liberal (20/06/2008).


El totalitarismo precisa de la corrupción del lenguaje para tenernos engañados sistemáticamente. Sólo hay que considerar cómo nos llaman a los que pagamos impuestos: ¡contribuyentes!

Hay que admitir que es una palabra bien buscada por los manipuladores, porque la palabra contribuir tiene una connotación de voluntariedad, de solidaridad, de hermandad. Queda muy… social. Y ya sabemos que al nombrar la palabra social entramos inmediatamente en una especie de hipnosis colectivista.

Pero si conseguimos desanclarnos de la existencia ilusoria por un momento y pasamos a la existencia real, comprobamos que los impuestos, como su nombre indica perfectamente, nos han sido impuestos, es decir, que no hemos podido elegir el no entregarlos. Vamos, que no son una generosa donación como nos quieren hacer creer.

Por suerte la RAE sí que ha entendido la naturaleza de nuestra condición, al definir al contribuyente como “persona obligada por ley al pago de un impuesto”.

A pesar de todo tenemos nuestro día: el Tax Freedom Day, que indica el número de días de trabajo que a lo largo del año se necesitan para satisfacer las obligaciones tributarias (los impuestos de la Renta, los indirectos, el de Sociedades, el IVA, los Especiales, las cotizaciones a la Seguridad Social, etc). Dicho claramente: es el día a partir del cual dejamos de trabajar para el Estado.

La Institución Futuro ha situado el día de la liberación fiscal en el 22 de Mayo (aunque varía según las diferentes comunidades autónomas y ciudades). Es decir, de media, los españoles dedicamos casi cinco meses de nuestro trabajo al pago de impuestos. Sólo a partir de ese día, los frutos de nuestro trabajo van a parar a nuestro bolsillo. Claro que podría ser peor, porque en el caso de los daneses cae en el 29 de junio.

Lo más inquietante es la evolución ascendente que hay tenido en España. En 1975 nos librábamos de Hacienda sobre el 10 de marzo; en 1985 sobre el 12 de abril; en 1995 en torno al 30 de abril; y ahora, en 2008, el 22 de mayo.

El llamado Estado del Bienestar es insaciable. Se apropia coactivamente de la riqueza que tanto esfuerzo nos cuesta ganar y, con la coartada de la redistribución y de los pobres, lo malgasta en actividades que no le son propias. Además, si conseguimos salir del Matrix colectivista, nos daremos cuenta que la redistribución nunca es de ricos a pobres sino de grupos desorganizados a grupos organizados. Esto significa que los únicos beneficiados son los políticos y los grupos de presión, que continuamente se intercambian favores para alcanzar sus fines a costa de todos nosotros.

La defensa del individuo debe empezar por evidenciar esto, y señalar claramente que esta confiscación es ilegítima e injusta porque las personas son dueñas de sí mismas y, por tanto, de lo que producen.

3 comentarios:

yosoyhayek dijo...

Me Encanta el Artículo 31 de nuestra queria Constitución de 1978...
"Todos CONTRIBUIRÁN al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su CAPACIDAD ECONÓMICA mediante un sistema tributario JUSTO inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance !CONFISCATORIO!"...
Me dan ganas de echarme a llorar... que generosidad por parte del constituyente, apetece ponerse a producir para "contribuir" más y más a eso de los gastos públicos...
Juan, eres un desalmado!
;)

Juan Morillo Bentué dijo...

Sí, la verdad es que lo que citas de la Constitución es lamentable no sólo por la idea de fondo (igualdad económica en vez de igualdad legal), sino porque además no se define ni se precisa ningún término (en especial lo que se entiende por ‘justo’ y por ‘confiscatorio’), con lo que deja vía libre para cualquier interpretación por parte del gobernante de turno. Verdaderamente lamentable.

Y además se nos dice que si lo cuestionamos somos unos antisociales y no nos preocupamos por el bienestar general y el bien común.

En fin, cosas que tiene el totalitarismo.

Atreides dijo...

En realidad, los impuestos son un reducto del feudalismo. Lo que el estado democrático moderno debería hacer es reducir los impuestos al máximo con una buena gestión, al menos los impuestos tipo IRPF. Los servicios deberían estar en correspondencia, y en realidad haría falta una democracia participativa para decidir sobre el destino de los presupuestos públicos. La actitud e Hacienda ante los contribuyentes es la de un señor feudal que viene directamente con sus matones cuando quiere nuestro dinerio y no se lo damos voluntariamente.