30 de abril de 2008

Los impuestos y sus efectos: reducción de incentivos


En este artículo de divulgación publicado en Asturias Liberal comento cómo los impuestos reducen los incentivos para producir.



En esta ocasión vamos a comentar el impacto que tienen los impuestos en la producción de las empresas.

Los impuestos reducen los incentivos para producir.

¿Por qué produce una persona? Para obtener unos beneficios, sean éstos materiales o no. Quiere mejorar su situación actual. Intenta pasar de una situación menos satisfactoria a otra más satisfactoria.

Así, cuando una persona decide crear una empresa arriesgando su capital, lo hace movida por su afán de lucro y no por altruismo. Le mueve, por ejemplo, la aspiración de ganarse la vida mejor o asegurar el futuro de su familia.

Gracias a este deseo (¿egoísta?) de ganar dinero elabora productos que todos acabaremos disfrutando. Como dijo Adam Smith, “no es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés.”

Y la supervivencia de la empresa sólo será posible si satisface las necesidades de los ciudadanos. En caso contrario tendrá que cerrar, y es bueno que así sea. La empresa está obligada a prestar cada vez un mejor servicio, siendo la ganancia la señal que indica en qué forma se está sirviendo a la gente.

El deseo de ganancia o afán de lucro del hombre es el incentivo que estimula su talento creativo y su capacidad empresarial. Es lo que hace que su tiempo y dedicación fluyan hacia sus bienes en busca de una mayor productividad.

Si una persona tiene una iniciativa empresarial novedosa pero tiene que pagar impuestos sobre la renta, cotizar a la seguridad social por cada empleado, imponer el IVA y pagar un sinfín de impuestos adicionales, los beneficios pueden no ser tan grandes como pensaba. No compensará el riesgo que ha tomado, por lo que no invertirá en proyectos y emprendimientos.

Los impuestos sobre el ingreso y el capital, por tanto, suponen un castigo a los que producen, que son el motor del crecimiento económico. Son los que aumentan el nivel de vida de todos y hacen que un país sea más rico y próspero. El resultado es un nivel de vida más bajo y menores oportunidades de empleo. Lo pagan los trabajadores, los accionistas y los consumidores. La sociedad se empobrece.

El Estado debería premiar a los emprendedores y productores que innovan, invierten, trabajan y crean, porque son ellos los creadores de riqueza.

Pero, ¿qué es lo que hace en su lugar?

Incentivar a los parásitos y depredadores mediante subvenciones, es decir, extrayendo la riqueza de quienes la han creado y repartiéndola entre quienes nunca la lograrían en un mercado competitivo. Gente que simplemente se cree con derecho a realizar una actividad a costa del esfuerzo y trabajo ajeno.

La subvención destruye riqueza y no la crea. Pero de las subvenciones y de los grupos de presión hablaremos en otro momento.

3 comentarios:

Mr. Hyde dijo...

Totalmente de acuerdo. Una entrada cargada de razón y donde brilla la claridad.
Qué pena que la mayoría de la gente siga ciega ante tales evidencias.

Enhorabuena por el blog. Te he enlazado.

Jake dijo...

He leido tu artículo sobre los impuestos y sus efectos: la reducción del incentivo. No estoy de acuerdo con tus proposiciones de que los impuestos desincentiven el crecimiento económico. Es cierto que el margen de beneficios se estrecha a corto, pero, a la larga, los beneficios se siguen dando; de este modo, en mi opinión, el mundo se equilibra y, por tanto, las tensiones sociales se apaciguan algo, que también es positivo. Tu postura al tanto de la libertad, permiteme decirlo, se encuentra sesgada, en mi opinión. Le falta veracidad, autenticidad, y está sesgada ideológicamente del mismo modo que el pensamiento marxista lo está. Porque, desde un plano ético, la preconización de la libertad se refiere a la libertad de todos, no de unos pocos, me imagino. Por tanto con lo que topamos es con la concepción de la libertad. Creo que olvidan los "liberales" de tu escuela algo esencial que no tienen en cuenta: la larga evolución sociológica en las relaciones de trabajo. Y, en especial, la diferente condición de entre quien detenta la propiedad y de quien solo posee, como bienes, así mismo. El poder negociador de uno no el mismo que del otro. A su vez, una vez efectuado eso que se denomina "contrato de trabajo" existe una verdadera relación asimétrica. Uno tiene el Poder de dirección y el otro la obligación de obedecer. Por tanto la libertad no es la misma para uno que para otro.

Juan Morillo Bentué dijo...

Jake,

Primero de todo, gracias por dedicar parte de tu tiempo en leer el blog. A veces estoy de viaje o tengo trabajo, pero intentaré responder a tus comentarios lo antes posible.

Tocas varias cuestiones que habría que analizar por separado y de forma más extensa. De todas formas te enuncio brevemente mi postura:

La intervención siempre es destructiva de riqueza. Por un lado desvía los recursos de donde son necesarios hacia donde los órgano de planificación deciden arbitrariamente. Por otro lado, pocas cosas me parecen más obvias que los impuestos desincentivan la producción. Cuantas más trabas y dificultades se impongan a los empresarios, menos motivación tendrán éstos de continuar, empezar o ampliar sus negocios y proyectos. Además la redistribución no es de ricos a pobres sino de grupos desorganizados a grupos organizados.

La libertad como tú dices, es para todos. Lo cual significa que su definición debe ser universal y simétrica. La única definición compatible con esta idea es la no violación del principio de no-agresión. Sin embargo no veo que la redistribución que tú defiendes contenga estos elementos: no veo que el extraer riqueza de unos para dárselos a otros sea tratar a las persona por igual.

En un trabajo, nadie tiene la “obligación de obedecer” a nadie. Desde luego, eso sí que es una afirmación sesgada. Lo que realmente sucede es que se establece un pacto totalmente libre (nadie está obligado a firmarlo) donde está claro lo que ofrecen las dos partes. Las dos partes tienen que cumplir lo que establecieron. Qué más quisiera el empresario que poder obligar a la gente a hacer cosas que no quiera o a imponer precios como a veces se dice.

De todas formas, mi intención es tratar todos estos temas por separado en artículos, así que cuando tenga tiempo de escribirlos, podemos continuar el debate allí.

Gracias por tu comentario