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27 de septiembre de 2008

Política exterior y defensa nacional


En este artículo publicado en el Instituto Juan de Mariana hablo de si existe algún criterio liberal para valorar una determinada política exterior.


Cada parte o región del planeta está gobernada por una organización estatal, y dado que esta situación no parece que vaya a cambiar en un futuro cercano, la cuestión de las relaciones interestatales (políticas exteriores) toma importancia. Concretamente, nos interesaría dar respuesta a la pregunta de si existe algún criterio liberal para valorar una determinada política exterior.

El objetivo liberal es el de reducir al mínimo el grado de coacción ejercido por el Estado sobre las personas concretas, ya sean nacionales o extranjeras. Para cumplir este objetivo, el principal elemento de una política exterior liberal debe ser la neutralidad o no-intervención. Ningún país puede pretender gobernar y dirigir el mundo o una de sus partes. Su soberanía no puede traspasar sus fronteras. Las intervenciones de unos países sobre otros están injustificadas.

Un motivo que aleja claramente al liberalismo del intervencionismo militar es que al apostar por este último, el gobierno incrementa la posibilidad de entrar en guerra y fomenta la hostilidad de los países intervenidos. Esto es lo que ha provocado el gobierno estadounidense en mayor o menor medida al aplicar sanciones económicas; al intervenir y tomar partido en conflictos; al estacionar tropas en decenas de países; y, sobre todo, al tratar de vigilar y “hacer un mundo mejor, libre y democrático” para todas las naciones, convirtiéndose así en una especie de super-estado que busca ejercer y detentar el monopolio de la fuerza sobre todas las regiones del planeta. Con su activismo intrusivo interior y exterior, no deja de poner en peligro la vida de sus ciudadanos. Los presidentes de los Estados Unidos harían bien en escuchar y seguir las ideas de Ron Paul, no-intervencionista convencido, al que muchos consideran el “descendiente directo” de los Padres Fundadores (George Washington y Thomas Jefferson apostaban claramente por el no-intervencionismo unido con la libertad para comerciar y el libre intercambio cultural).

Otro efecto nefasto del intervencionismo militar es la violación sistemática y creciente de derechos individuales y la expansión de la organización estatal. Es decir, la tiranía interior. Se supone que la principal función de los estados es protegernos. Sin embargo, observamos continuamente que no sólo son incapaces de prevenir ataques terroristas sino que, además, utilizan las crisis para ampliar e incrementar su poder a expensas de las libertades y propiedades de sus ciudadanos/súbditos. No dudan en explotar las crisis a fin de proporcionar una poderosa justificación para sus irresponsables acciones políticas, legales, militares y fiscales. Toda guerra es la ocasión más propicia para un Estado para aumentar y ampliar la agresión fiscal contra el propio pueblo. La guerra es, sin duda, el alimento del Estado (Randolph Bourne) ya que gracias a ella los estados incrementan su poder absoluto sobre la economía y la sociedad.

Lo cual no significa que la política exterior liberal sea pacifista. El axioma principal de la teoría liberal propugna que nadie puede agredir la vida o propiedades de otra persona. No defiende el derecho a usar la violencia contra un no-agresor, pero sí el derecho a protegerse de una agresión. La política exterior liberal tampoco es aislacionista. El aislacionismo ciertamente es no-intervencionista, pero implica también el proteccionismo económico nacional. Este elemento es evidentemente contrario a lo defendido por los liberales, que apuestan por unir a las personas de los distintos países del planeta mediante el libre comercio.

Pese a que los casos concretos pueden ser difíciles de evaluar por la falta de información y por su complejidad, la evaluación de una política exterior debería basarse y tener en cuenta los siguientes aspectos:

1) Seguridad. En qué medida las acciones de un gobierno protegen o ponen en peligro la seguridad de sus ciudadanos.

2) Libertades individuales. La capacidad de los gobiernos de proveer seguridad sin violar los derechos individuales de sus ciudadanos.

3) Apertura y prosperidad económica. En qué medida los gobiernos favorecen o dificultan con sus acciones la armonía, la cooperación y la amistad entre los ciudadanos del país y la gente de otras naciones. Los gobiernos deberían reducir los impuestos, el gasto militar y fomentar el libre comercio con otras naciones.

10 de junio de 2008

¡Manos arriba, esto es una huelga!


En este artículo comento la huelga de transportistas del día 8 de Junio. Se ha publicado en Asturias Liberal (10/06/2008) y en Aragón Liberal (11/06/2008) y en Canarias Liberal (11/06/2008).


Es curiosa la costumbre que tenemos de llamar huelga a lo que claramente es una prueba de fuerza con rehenes (nosotros, los ciudadanos). Los huelguistas buscan favores y privilegios gubernamentales: o se accede a lo que piden o van a cortar carreteras, rajar neumáticos e incluso sabotear actos como la inauguración de la Expo de Zaragoza. Vamos, lo de siempre.

¿Y qué piden los asaltantes de carretas (o mejor dicho, de carreteras)? Pues entre otras cosas: el establecimiento de precios mínimos obligatorios, la prohibición de despidos y jubilaciones anticipadas. O sea, sacar dinero del bolsillo de los contribuyentes en beneficio de unos pocos privilegiados. Dicho de otra manera: socializar las pérdidas y vulnerar derechos. Y, claro está, todavía deberemos darles las gracias.

Voy a centrarme en el tema de los precios mínimos. Uno de los puntos reivindicativos de la plataforma huelguista es el siguiente:

“Normativa antidumping, especifica para el transporte de mercancías por carretera. Relacionada a precios observatorio de costes, actualizado bimensualmente. De obligado cumplimiento. Que se considere delito y sanción a quien no la respete. Precios mínimos antidumping, de obligado cumplimiento.”

Piden intervencionismo económico puro y duro. Exigen al gobierno que fije precios diferentes a los que se hubieran establecido en un mercado libre. Con los precios mínimos se pretende que todos los vendedores sitúen su producto o servicio por encima de un precio fijado arbitrariamente. Quien no lo haga, será multado o llevado a prisión.

La consecuencia es la contracción de la demanda y oferta artificial, que acaba produciendo sobrantes y excedentes (véase el caso del salario mínimo). Por lo tanto, van a existir vendedores potenciales dispuestos a vender a un precio menor que sin embargo no podrán hacerlo. Y aquí está la clave: se trata de eliminar a los vendedores que puedan vender más barato ya sea por ventaja comparativa o por otros motivos. Se trata de eliminar competencia.

Todo esto se adorna con la conocida demagogia vacía sin argumentos para ocultar intereses de estos importantes pequeños grupos que buscan beneficiarse a costa del resto de la sociedad.

Mediante los precios mínimos y las restricciones a la importación quieren apartar a sus rivales del mercado, cuando lo que nos interesa a los ciudadanos es una mayor competencia, que conduzca a un mayor acceso y una mayor variedad de productos y servicios a mejores precios.

Además quieren que los esquiroles reciban su merecido castigo. Por una parte lo recibirán de los huelguistas mediante la violencia y la intimidación de los piquetes. Éstos amenazan y agraden a los transportistas que no quieren ir a la huelga. Hay que recordar que la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM), mayoritaria en el sector, no apoya el paro y considera la actitud de Fenadismer impresentable. CETM se ha quejado de las amenazas y sabotajes que ha recibido y que ha impedido el desarrollo normal de la actividad y ha pedido al Gobierno que garantice su derecho a no querer participar en la huelga, es decir, su derecho a querer trabajar.

Pero por otra parte, los huelguistas piden al Ministerio que “colabore” para que la huelga sea obligatoria, sancionando con 2.000 euros a quien se la salte. Uno de los puntos reivindicativos dice lo siguiente: “Método, norma o sistema que prohíba tajantemente cargas y descargas de conductores autónomos o asalariados. Mínima sanción de 2.000 € a los infractores. Servicio oficial del Ministerio correspondiente, con números de teléfono donde denunciar este tipo de abusos contra la dignidad del transportista.”

Es evidente que ante semejante presión callejera no debería haber negociación. Y sin embargo, el gobierno opta por las “llamadas a la calma”. Lo cual, no nos engañemos, acabará significando más subvenciones y más gasto público, cuando lo que podrían ir haciendo para empezar es reducir la fiscalidad de los carburantes y desregular este y otros sectores.

3 de abril de 2008

Los precios: la información que guía la economía


En este artículo de divulgación hablo acerca de la importancia de los precios en la economía. Se ha publicado en Asturias Liberal (03/04/2008), Aragón Liberal (02/05/2008) y Canarias Liberal (06/06/2008).


El mercado libre es el intercambio pacífico y voluntario de los derechos de propiedad.

Debido a que las transacciones son voluntarias, el proceso se basa en la persuasión y no en la coacción. Esto hace que sea moralmente superior a cualquier otro sistema de asignación de recursos.

Esta ausencia de coerción hace que sólo exista una manera de sobrevivir y enriquecerse en el mercado: satisfaciendo necesidades, deseos y gustos ajenos que los consumidores expresan al tomar sus decisiones particulares.

Pero, si la mayoría de los participantes del mercado no se conocen entre si,
¿cómo se consigue saber los bienes y servicios que requiere la gente? Respuesta: mediante el sistema de precios.

Los precios dicen a los partícipes del mercado qué necesidades tienen los demás y hasta qué punto quieren verlas satisfechas. Junto con las ganancias mayores son los mejores mensajes para conocer las necesidades humanas. Por consiguiente, los precios hacen de señales que facilitan al individuo, a la vez que lucha por satisfacer sus necesidades, contribuir sin saberlo a satisfacer las de otros.

El mecanismo de los precios es imprescindible e insustituible para indicar de forma precisa a consumidores y productores las decisiones que deben tomar de acuerdo con las condiciones reales de la oferta y la demanda.

A diferencia de lo que los intervencionistas opinan, el mercado no representa una anarquía de la producción. Todo lo contrario: es el único mecanismo capaz de coordinar las decisiones de los productores con las de los consumidores.

No hay sistema que puede sustituir a los precios como mecanismo que refleja las prioridades sociales y guía el proceso económico. La formación del precio es el proceso que todo lo dirige, y a lo que todas las cuestiones en economía se remontan.

El intento de suplantarlo mediante regulaciones económicas lo único que consigue es distorsionar, ralentizar y destruir la economía.

Pero de las intervenciones y regulaciones hablaremos en otro momento.