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12 de mayo de 2008

Carta a un agricultor enfadado


Me estreno en Red Liberal (gracias Daniel) con una carta a un agricultor que me amenazó vía mail por mi artículo sobre el agua en el que criticaba las subvenciones a los agricultores.
Se ha publicado en Asturias Liberal.



Ayer, un agricultor me envió un mail amenazándome e insultándome por mi artículo sobre el agua. El motivo de su tremendo enfado era mi posición contraria a las subvenciones y privilegios que se conceden a los agricultores. Esta carta es la respuesta que le envié.


Querido agricultor,

Además de los insultos y amenazas que me propinas, me acusas de “querer hundir a los agricultores españoles” y de no ser consciente de que, ante todo, “hay que beneficiar al consumidor”.

Desde luego, qué gente más generosa y solidaria sois. ¡Cómo os preocupáis de los demás! Sobre todo del pobre consumidor. Qué detalle por vuestra parte. Gracias hombre.

Oye, y yo me pregunto: ¿seguro que lo que buscáis los agricultores con estas ayuditas (véase subvenciones) es beneficiar al consumidor? Perdona mi desconfianza, querido agricultor, pero es que soy liberal.

Veamos. Si de lo que se trata es de beneficiar al consumidor, la cosa está fácil: que haya más competencia. La competencia es ese proceso dinámico que consiste en realizar un esfuerzo constante para mejorar el servicio que ofrecen los rivales. Cuando hay competencia mejora el servicio y bajan los precios. La competencia hace que el afán de lucro de los empresarios sirva a los consumidores en vez de explotarlos, porque están compitiendo por su dinero. Y cuando hay varias empresas que compiten, los consumidores tenemos la oportunidad de comparar entre lo que nos ofrece cada una, y seremos nosotros los que decidamos quedarnos con la que nos ofrezca un mejor servicio. Es una evidencia económica: la falta de competencia desincentiva el buen servicio y produce precios altos. Seguro que estarás de acuerdo conmigo, estimado agricultor.

Pero entonces, ¿por qué os abalanzáis y tomáis la calle (generalmente de forma violenta) para pedir y apoyar medidas proteccionistas que eliminan la competencia? No parece que eso vaya a ayudar mucho al consumidor, ¿no?

Mira amigo. Las medidas proteccionistas lo que hacen es prevenir o dificultar el comercio. Te debe sonar la PAC (Política Agropecuaria Común). Se diseñó para proteger a los agricultores europeos de sus competidores, principalmente los países en desarrollo. Utiliza aranceles para bloquear la importación de productos alimenticios. Elimina, por tanto, la tan deseable competencia de la que hemos hablado antes. Además, se subvenciona la producción a los agricultores originándose un gran superávit de alimentos, y el excedente de producción se envía a los países pobres por debajo de su precio de mercado, con lo que se les distorsiona o se les destruye su mercado.

Creo que debe quedar claro que la gente no necesita que se las proteja del comercio (y de la competencia), sino de los proteccionistas. Resulta un poco contradictorio por vuestra parte defender el proteccionismo, ¿no crees?

Oye, ¿y no será que de lo que se trata es de beneficiar a vuestro sector mediante privilegios? La verdad, apreciado agricultor, es que hay que reconocer que los políticos os hacen mucho caso y os tienen muy en cuenta. ¿No será que sois uno de los grupos de presión más importantes (quizás el principal)?

Fíjate que un capitalista salvaje y egoísta (¡cómo no!) podría pensar que mediante los favores oficiales pretendéis obtener ganancias que nunca lograríais en un mercado verdaderamente competitivo. Todo esto perjudicando a los consumidores, obligándoles a comprar un producto más caro y de peor calidad, para beneficio exclusivamente vuestro. Podría pensar que sois grupos organizados que podéis presionar a los gobernantes con vuestras reivindicaciones. Podría pensar que los aranceles y el proteccionismo no dejan de ser medidas de los gobiernos para beneficiaros y protegeros de la competencia. Todo un tráfico de favores, para que nos vamos a engañar. Fíjate que menos del 1% de la población de toda la UE percibe casi el 40% de todo el presupuesto comunitario.

En fin, que parece que la coartada de los consumidores no se sostiene. ¡Vaya por Dios! Pero tranquilo, amigo agricultor, porque todavía te queda el recurso de la lagrimita, es decir, decirnos que podrías tener que cerrar el negociete porque no puedes competir con el resto de agricultores.

Pero yo te diría lo siguiente: tienes la fabulosa ocasión de contribuir positivamente en la sociedad y de beneficiar realmente a los consumidores (que era nuestro objetivo inicial, ¿verdad?). ¿Cómo? Pues muy fácil: dedicándote a otra profesión en la que ofrezcas productos o servicios que la gente verdaderamente necesite y esté dispuesta a comprártelos voluntaria y libremente, sin ser obligada a ello por la fuerza y en contra de su voluntad.

Sí, apreciado agricultor, ya sé que no es tan cómodo como la subvención, pero es que verás, la alternativa es que te mantengamos todos por la cara, es decir, que nos quiten los dineritos del bolsillo a todos los ciudadanos para dártelos a ti, sin que tú nos des nada que queramos a cambio. ¿Y tú no quieres eso no? Seguro que no.

Además míralo por el lado bueno: yo podría ejercer un derecho tan fundamental como es el de comerciar con quien yo desee, por ejemplo con un africano, y ayudarlo a salir de la pobreza. Es magnífico, ¿no crees? Seguro que sí.

Para acabar, y ahora en serio (más todavía), quisiera darte las gracias por leerme y te pediría que lo siguieras haciendo. Pero debes tener una cosa en cuenta: que yo no escribo mis artículos pensando qué es lo que haría un buen agricultor o un buen español (que lo soy), sino solamente pensando qué es lo que haría un hombre libre. Soy un liberal convencido, y debes saber, que mientras Dios me siga dando salud y la motivación suficiente, voy a seguir denunciando todas las concesiones de privilegios y demás agresiones a las libertades de los individuos, en los medios que me den la oportunidad de hacerlo. No en vano mi blog se llama Elogio del Individuo, como bien sabes, y sólo al individuo me debo. Y como yo, hay más gente.

Saludos,

Juan Morillo Bentué

5 de mayo de 2008

Sobre la escasez de agua y los trasvases

En este artículo publicado en Asturias Liberal y en Aragón Liberal hablo sobre la escasez de agua y la forma de solucionar este problema.




En cierta ocasión señaló Mark Twain que “el whisky es para beber; el agua, para pelear”. Y en España ya estamos otra vez en armas, viviendo una guerra de guerrillas que va durando ya demasiado. Todos peleándose por el agua.

Eso sí, todo ello adornado con originales malabares lingüísticos incluidos: trasvases, aportaciones momentáneas de agua, aportaciones hídricas, captaciones temporales de agua, conducciones urgentes de agua. En fin, que ya sabemos que lo mejor que saben hacer los socialistas es pervertir el lenguaje.

Vayan todos mis respetos hacia las ilustrísimas mentes pensantes que elaboran y diseñan estudios rigurosos estatales sobre trasvases, planes hidrológicos y desaladoras. Pero todos están gravemente equivocados.

La única solución para acabar con la escasez de agua es ponerle un precio de mercado, consecuencia de establecer derechos de propiedad. El problema de las leyes y regulaciones del agua es la ausencia de derechos de propiedad. Hay que introducir el derecho a poseer agua y a comprarla y venderla a precios establecidos libremente.

La falta de derechos de propiedad sobre el agua genera sobreexplotación. A menos que los individuos puedan controlar los recursos naturales como propiedad privada, los recursos serán objeto de abuso. Cuando demasiados individuos explotan un recurso sin dueño, nadie asume la responsabilidad del bien y se produce su agotamiento (y la destrucción ambiental). Esto se conoce como la “tragedia de los comunes” (Hardin). Este problema surge siempre que un recurso escaso se encuentra bajo propiedad colectiva, y no bajo propiedad individual. Ya se sabe que “lo que es del común, es del ningún”.

La introducción de derechos de propiedad claramente definidos sobre el agua incrementaría la cantidad disponible del recurso, ya que los propietarios tendrían incentivos económicos para producir y distribuir la mayor cantidad posible y evitar el despilfarro y el derroche. Se generaría una mayor eficiencia, eliminándose la escasez.

El precio del agua debe ajustarse a su verdadero coste. Debe depender de la oferta y la demanda. Cuando los políticos regulan el precio de un bien, la oferta y la demanda se distorsionan. Si el precio fijado es menor que el precio de mercado, la oferta disminuye y la demanda aumenta. Por el contrario, si el precio es mayor que el de mercado, la oferta aumenta y la demanda disminuye.

Por motivos políticos, el precio del agua es, simplemente, demasiado bajo. Los políticos han fijado el precio del agua artificialmente por debajo del precio de mercado, por lo que la demanda crece en exceso y se derrocha enormemente el agua. Es en la agricultura donde deben producirse los ahorros importantes. Los agricultores suelen tener una actitud muy ineficiente en el tema del agua. Y el gobierno motiva y es el causante de su mala gestión.

Evidentemente, el político va a argumentar que el agua es un derecho humano y debe proporcionarse gratis para que los pobres puedan tener agua. Siempre la eterna coartada de los pobres. La realidad es que a los pobres no les llega el agua ni por casualidad. Está visto que los gobiernos no consiguen solucionar el problema de la falta de agua. Sin embargo, la iniciativa privada ha conseguido llevar agua incluso a los desiertos.

No hay que ser ingenuos ni engañarse. Los grandes beneficiados no son los pobres ni los consumidores, sino los grupos de interés privilegiados que están fuertemente organizados, ejercen una gran presión política y acaban recibiendo las subvenciones. Especialmente los agricultores: el gobierno les subsidia la producción agrícola y subvenciona además el agua de riego. Y al resto de habitantes se nos dice que cerremos el grifo cada vez que nos lavamos los dientes y que nos duchemos en vez de bañarnos, cuando la mayor fuente de gasto de agua es el uso industrial y, principalmente, el agrícola (más del 70%).

Los recursos naturales no requieren un proceso de asignación diferente al resto de bienes simplemente porque puedan tener un mayor valor marginal. Es necesario definir y defender los derechos de propiedad para que la función empresarial obtenga la información necesaria, la iniciativa y el incentivo para llevar al agua donde más falta haga. Los políticos, en cambio, tienen una curiosa manera de gestionar los bienes y dar soluciones a los problemas de escasez de recursos: nacionalizan los recursos, deciden cuáles van a ser nuestras necesidades, favorece a sectores e industrias arbitrariamente, e intervienen en los precios. Como hemos dicho, los políticos benefician a los grupos de presión dando lugar a decisiones contrarias a los intereses de los ciudadanos (que nadie se molesta en defender). En fin, no es necesario insistir en la dimensión eminentemente inepta de los políticos.

Por cierto, hablando de catetos. Me aseguran que Marcel.lí Iglesias no ha dimitido todavía. Qué cosas.