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24 de mayo de 2011

Historia de un lápiz


En la anterior entrada en la que hablo del panfleto de Hessel, hago referencia al desconocimiento que este autor tiene del proceso económico en general. En los comentarios, Marcos recomienda "Historia de un lápiz" que está narrado por Milton Friedman.

Es un video muy aconsejable. Igual que lo es el clásico "Yo, el lápiz" de Leonard E. Read, que es de dónde Friedman sacó la idea para su programa de televisión Libertad de Elegir y para su libro con el mismo nombre para ilustrar el poder del mercado.


Yo, el Lápiz de Leonard E. Read


29 de marzo de 2011

Cinco lecciones que aprender de la caída de Nueva Rumasa


En este artículo publicado en Libre Mercado de Libertad Digital hablo acerca de los pagarés que emitieron diversas sociedades de Nueva Rumasa.

Explico que ya en el momento en que esos títulos se emitieron existían claras señales acerca de su elevado riesgo que desaconsejaban su compra. Señalo 5 motivos por los cuales no se debía de invertir en ellos.

1. Rentabilidad muy alta comparada con la del mercado

Está claro que los inversores que compraron esos pagarés lo hicieron porque daban una rentabilidad muy superior a otros títulos de renta fija que se ofrecían en el mercado. Su error fue no preguntarse cómo era eso posible.

La pregunta que nos deberíamos hacer como inversores es porqué a estas empresas le cuesta tanto financiarse. Si las sociedades de Nueva Rumasa ofrecían hasta un 12% de interés es que no podían financiarse con menos coste. Esto significa que no consiguieron financiación de los bancos porque éstos no confiaron en la solvencia y liquidez de las empresas.

Es de entender. Los bancos no son ONG, son intermediarios financieros que se dedican a captar recursos, administrarlos y prestarlos. Estudian meticulosamente la solvencia del demandante porque su objetivo es recuperar el dinero. Si ven que la empresa (o particular) no estará en disposición financiera de devolver la cantidad solicitada en el tiempo o plazo definido no se materializa el acuerdo. Los ahorradores deberían haberlo tenido en cuenta.

2. Buscar financiación a corto plazo para proyectos a largo

Las empresas tienen diversas formas de financiarse, y una de ellas es emitiendo títulos (otras formas son utilizar capital propio, endeudarse con capital externo o emitir acciones). Hasta aquí todo correcto y normal.

Pero, según Nueva Rumasa, el objeto de esa emisión de pagarés era "la adquisición de empresas que representan auténticas oportunidades de negocio en los momentos actuales". Esto ya no es tan normal. Y es que las empresas no se compran con deuda que vence a tan a corto plazo como esos pagarés o bonos.

El inversor lo que debería haber pensado es que, o bien Nueva Rumasa llevaba a cabo prácticas financieras desastrosas (descalzando plazos, es decir, endeudarse a corto plazo para invertir a largo), o bien estaba poniendo de manifiesto un serio problema de liquidez. Los dos motivos por separado son suficientes para no invertir en esas sociedades.

De hecho, es posible que ambas causas estuvieran relacionadas: estaban intentando buscar financiación a corto plazo para tapar problemas de liquidez actuales derivados de sus inversiones a largo plazo. Los ahorradores deberían haberlo tenido en cuenta.


23 de marzo de 2011

Perlitas liberticidas de Bon Jovi


Publicado en el Inst. von Mises de Barcelona

Bon Jovi reacciona ante el modelo que propone iTunes de apretar un botón para escuchar la canción antes de comprarla para saber si te gusta o no.

Atención a la perlita del cantante:

"Steve Jobs es, personalmente, el responsable de matar el negocio de la música" […] "Los chicos de hoy en día se han perdido toda esa experiencia de ponerse los cascos, poner el volumen a 10, abrocharse la chaqueta, cerrar los ojos y perderse en un álbum; y la belleza de coger el dinero de tu paga y tomar una decisión basándote en tu intuición, sin saber cómo suena el disco, mirando un par de ilustraciones e imaginándotelo".

Hay que ver lo cursi y pedante que se tiene que poner uno… para defender su negociete.

Querido Bon, Steve Jobs no es responsable de ninguna muerte. Si algo ha muerto, es el obsoleto un modelo de negocio que proporcionaba miles de millones de dólares a unas cinco (quizás ahora cuatro) grandes empresas y que realmente se basó en la distribución de piezas de plástico más que en otra cosa. Son los ejecutivos encargados de esas compañías los que pueden decir con orgullo que han destruido sus empresas.

El culpable no ha sido el CEO de Apple, sino los usuarios y consumidores, que han decidido libremente que la opción que ofrece Apple les es mucho más ventajosa. Nadie obliga a los chavales a comprar música en el iTunes. Si lo hacen es porque consideran que es mucho más conveniente que “basarse en su intuición”…

Por cierto, que payasada lo de la ‘intuición’. La realidad, que hemos experimentado todos, ha sido que no nos gusta nada basarnos en ninguna intuición. Lo que sentimos y lo que sienten los chavales es nerviosismo e incertidumbre por el miedo de poder equivocarse y perder el poco dinero que tienen. Lo que quieren es estar seguros de que compran una canción que les gusta para no desperdiciar su paga extra. Cosa que ha solucionado brillantemente la empresa de Steve Jobs.

Que nadie se engañe. En realidad a Bon Jovi le importan muy poco los jóvenes y sus experiencias esotéricas con los cascos… Lo que le importa es que le compren sus discos.

Y que tampoco se engañe él: la música continuará existiendo y vendiéndose, aunque de otra forma.

10 de diciembre de 2010

¡Especuladores, llévense su dinero de España cuanto antes!


Artículo en el IJM.

La situación económica europea actual es tremendamente delicada. El rescate de Grecia y la insolvencia de Irlanda han puesto de manifiesto la verdadera viabilidad de las economías periféricas, los llamados PIIGS. Portugal parece ser el siguiente en declarar su insolvencia y la situación con España es incluso más crítica, ya que la magnitud de este rescate sería difícilmente abordable por el resto de los socios europeos.

Pocos se fían ya de las finanzas de los PIIGS, en especial la de España. El tan cacareado Fondo de Rescate de 750.000 millones de euros se presenta como insuficiente para salvar la situación española. En realidad, este Fondo no llegaría ni a unos 350.000 millones de euros en caso de tener que rescatar a España.

Poco ha tardado el Ejecutivo en culpar a los especuladores de todos los males de España y en hablar del famoso “ataque especulativo”, que encarece la deuda y desestabiliza los mercados. Cualquier cosa antes que admitir su responsabilidad. Como si los problemas de España viniesen de tener unos puntitos más de deuda… En fin, que ya sabemos que para el gobierno todo aquel que compra deuda nacional es un inversor, y todo aquel que la vende o no compra es un malvado especulador que quiere hundir a España.

En realidad, sí que dependemos de los inversores/especuladores. Son los únicos que pueden salvarnos. ¿Cómo? ¿Comprando deuda nacional? No, todo lo contrario: llevándose su dinero de España inmediatamente. Cuanto más rápido, mejor. Ya tardan.

Hay dos principales motivos por los cuales esta huida de capitales sería un beneficio para todos.

Seguid leyendo el artículo.




10 de noviembre de 2010

Los sindicatos: un apéndice más el Estado


Publicado en el IJM.

La acción sindical es inmoral por numerosas razones. A su modus operandi claramente violento (véase piquetes), y a su supuesta representación (totalmente falaz), se le une su forma de financiarse.

Una de las contribuciones que cabe destacar del sociólogo alemán Franz Oppenheimer es su distinción entre medios políticos y medios económicos. Creo que viene muy a cuento al hablar de los sindicatos.

El berlinés explicaba que el ser humano dispone básicamente de dos medios (opuestos entre sí) para obtener los medios necesarios para vivir y alcanzar sus deseos y fines: a) el trabajo de uno mismo y el intercambio equivalente de su propio trabajo por el trabajo de otros, y b) la apropiación no recompensada del trabajo de otros (robo). Los denominó medios económicos y medios políticos, respectivamente.

Una sociedad libre está regida por medios económicos. Las organizaciones, empresas y particulares obtienen su financiación mediante acuerdos y transacciones voluntarias.

Los sindicatos no obtienen su financiación de esta manera. Saben perfectamente que ellos no se pueden regir por reglas de libre mercado, voluntariedad y la libertad de elección. Ellos deben seguir una estrategia de coacción y obligatoriedad (a través de medios políticos) porque con simplemente un 10-15% de trabajadores afiliados les sería imposible existir. La sociedad le está diciendo a este tipo de organización que no es útil, que no es rentable y que está desperdiciando los valiosos recursos escasos de que dispone (capital y trabajo) en unos proyectos deficientes, en lugar de destinarlos a otros más demandados y prioritarios.

La fuente de financiación directa más importante de los sindicatos la encontramos en los Presupuestos Generales del Estado. Cobran del Ministerio de Trabajo cerca de 16 millones de euros. Eso sin contar con lo que ingresan de las comunidades autónomas. Por ejemplo, de 2004 a mediados de 2009, la Junta de Andalucía concedió subvenciones a UGT y CCOO por importe de 260 millones de euros. Sólo en el segundo trimestre de 2009, las organizaciones sindicales recibieron 125 millones de euros del Estado. Y para qué hablar de lo que reciben para cursos de formación y para los liberados sindicales… Todo esto a costa de nuestros salarios.

Depender de las subvenciones del gobierno de turno reduce terriblemente la independencia, la autonomía y la libertad de los sindicatos, hasta el punto de no ser más que un mero apéndice del Estado. No en vano, los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO han sido los principales aliados de Zapatero por su silencio y complacencia con la política económica del gobierno.

Si George Sorel levantase la cabeza y viese cómo los sindicatos se han convertido en organizaciones burocráticas financiadas por el “Estado Burgués”, se volvería inmediatamente a la tumba para no verlo.


11 de enero de 2010

Sociedad subvencionada, injusta, pobre y dependiente


Publicado en el IJM
.

La sociedad actual se caracteriza por la búsqueda desesperada de subvenciones y ayudas públicas. Aunque esto es inherente a los estados modernos del bienestar, la situación se agrava notablemente en épocas de fuerte crisis económica como la actual. Sin embargo, una sociedad subvencionada es, por definición, una sociedad más pobre, menos próspera y más injusta.

Las subvenciones no dejan de ser transferencias unilaterales del Gobierno hacia particulares o hacia determinados sectores para alentar actividades económicas específicas (véase las ayudas al sector del automóvil, las subvenciones a los agricultores o las ayudas al cine español, entre otros).

El Gobierno extrae riqueza de quienes la han creado (eficientemente), y la reparten/redistribuyen entre aquellos particulares o grupos de presión que no son capaces de obtener ganancias en un mercado libre. De esta manera, las actividades subsidiadas por el Gobierno son aquellas que no podrían desarrollarse sin algún tipo de apoyo externo. Los gobiernos utilizan su legitimidad para poner el dinero de millones de ciudadanos en manos de intereses particulares, que buscan el favor y privilegio estatal para mejorar su cuenta de resultados porque no pueden satisfacer las preferencias de los consumidores en un mercado competitivo. Todo este proceso acaba desembocando en un tráfico de favores sin fin; lo que escuela de la Public Choice denomina logrolling. De esta manera se pervierte la democracia y el Estado de Derecho y la sociedad acaba siendo más injusta.

Además, la subvención no crea riqueza, sino que la destruye. Los subsidios se otorgan a particulares independientemente de la rentabilidad que tengan en el mercado. Los recursos no se asignarán eficientemente, ya que capital y mano de obra se trasladan a unas líneas de producción que en realidad no están siendo demandadas por la sociedad. Las ayudas públicas distorsionan los mercados porque se lleva a cabo una asignación de recursos distinta a la que se llevaría a cabo por los procesos de mercado mediante transacciones voluntarias. Las subvenciones incentivan a grupos a actuar como si la escasez no existiese, por lo que se resta eficacia y se maximiza la escasez. Lo cual desemboca en una sociedad menos próspera y más pobre.

También es una sociedad más dependiente y menos autónoma. Los individuos creen que el Estado debe tomar partido en las grandes cuestiones de nuestra vida, ya sea dándonos ayudas directas individuales, ya sea "salvando" a nuestro sector, o ya sea "garantizándonos" la cobertura de un amplio conjunto de necesidades como las pensiones, la asistencia sanitaria, la permanencia del puesto de trabajo, el pleno empleo perpetuo, la vivienda o el subsidio de paro, así como otros programas sociales de diversa naturaleza. Esto acaba generando una sociedad más infantil y menos autónoma, porque el parasitismo sustituye a la responsabilidad individual.


14 de diciembre de 2009

Los intermediarios y los agricultores (otra vez)


Publicado en el Instituto Juan de Mariana.

Cíclicamente, como si de una crisis se tratase, los agricultores sacan los tractores a la calle para reclamar ayudas para su sector. Hace unas semanas, miles de agricultores se manifestaron en Madrid convocados por las tres grandes organizaciones de ámbito estatal: Asaja, COAG y UPA. Señalan, como cada vez, que los intermediarios son los culpables de que los productos agrícolas se encarezcan desmesuradamente y denuncian sus amplios márgenes. No dudan en mostrarlos como un grupo privilegiado de especuladores que se enriquecen a costa de agricultores y consumidores. Este "argumento" (por llamarlo de alguna manera) significa no entender absolutamente nada de economía.

Veamos. La clave está en darse cuenta de que el producto que el agricultor recoge no es un bien de consumo, sino simplemente un paso intermedio en el proceso productivo. Y es que los consumidores (es decir, cualquiera de nosotros) no queremos ese bien que el agricultor acaba de recolectar. No tiene ningún valor para nosotros; no nos es de ninguna utilidad. No es un bien de consumo porque, entre otros motivos, no tenemos acceso a él y/o desconocemos su existencia.
Económicamente hablando, la manzana que el agricultor de Extremadura recoge en su campo no es el mismo bien que la misma manzana comprada por nosotros en el supermercado. Un producto sólo puede ser denominado "de consumo" cuando ha pasado por todas y cada una de las necesarias etapas de transformación del proceso productivo, se ha acercado y se ha puesto al alcance del consumidor. Mientras no sea así, ese bien "no existe" para el consumidor, y de ahí que no tenga ningún valor.

Por tanto, los agricultores son solamente una etapa más de la producción, de igual importancia que los transportistas, distribuidores, publicistas, controladores de calidad, mayoristas, minoristas y demás prestadores de servicios que son indispensables para que el producto acabado de consumo esté a disposición del consumidor.

Si no fuesen económicamente analfabetas, estas organizaciones agrícolas y de consumidores sabrían perfectamente que los intermediarios son totalmente imprescindibles. Deberían imaginarse que no me sale a cuenta desplazarme a Canarias cada vez que se me antoje un platanito; que no voy a coger el coche en dirección a Galicia cuando desee comer pulpo de calidad; que no volaré hasta Argentina o Uruguay para degustar su carne; o que no voy a ir a la Rioja para comprar el vino que necesito esta noche. Paradójicamente, los principales beneficiados de la existencia de intermediarios son precisamente los agricultores.

Si eliminamos a los intermediarios o intentamos aminorar coactivamente las ganancias de su negocio, lo único que conseguiremos es crear una escasez de alimentos, como ha sucedido en la historia en otros regímenes con economías planificadas.

Lo único que verdaderamente deberíamos exigir es que no haya barreras de entrada para realizar la actividad de intermediario, es decir, que no se pongan trabas a cualquier persona que quiera (intentar) ejercer de intermediario. Si esto es así (mercado libre), no cabe más que concluir que los profesionales que actualmente están realizando esos servicios son los más eficientes. Son los que ofrecen la mayor calidad a un menor precio. Esto es debido a que los procesos de competencia hacen que los servicios mejoren de calidad y bajen de precio, ya que los empresarios intentarán realizar su labor lo más eficazmente posible y con costes cada vez menores para imponerse a sus competidores. El que no lo consiga deberá cerrar y será expulsado del mercado.

Por tanto, si tan buen negocio es ser intermediario, ¿por qué no se dedican a ello los agricultores? ¿Es que hay alguna barrera de entrada legal que se lo prohíba?

Pero estos lobbies que dicen defender el campo español y a los consumidores pisotean y obvian las leyes más básicas de la economía para conseguir lo que verdaderamente quieren: privilegios. Por eso han centrado sus esfuerzos en exigir la intervención del Gobierno (¡cómo no!) para que regule/fije precios y márgenes de comercialización cuando se trate de productos de primera necesidad. Se entiende que los productos de primerísima necesidad son casualmente los suyos.
Y, como siempre, parece que
han conseguido (o conseguirán) lo que se proponen. Es de esperar que los subsidios a los agricultores sean pagados por todos los contribuyentes de forma directa o indirecta. Directa, mediante impuestos que irán destinados a incrementar su partida presupuestaria; indirecta, al provocar que los precios que deberán pagar por los alimentos sean más elevados.

Se beneficia claramente a unos sectores en detrimento de la mayoría, que acaba pagando sus costes. Lo cual supone una curiosa manera de entender la democracia por parte de los gobernantes, ya que permiten que intereses particulares prevalezcan sobre los derechos individuales del resto de ciudadanos. Y es que una vez más se demuestra que la política está reñida con la ciencia económica más básica.


29 de noviembre de 2009

Los empresarios y las crisis


Publicado en el IJM.

Cuando hablamos de crisis económicas solemos señalar las malas inversiones que se han llevado a cabo por parte de los empresarios. En realidad, lo característico de las crisis económicas no es el hecho de que los empresarios se equivoquen al llevar a cabo sus proyectos e inversiones (cosa que ocurre en cualquier lugar y tiempo), sino que se equivoquen todos a la vez. Es decir, que ocurran errores colectivos simultáneos. Y es precisamente esta circunstancia la que debe ser explicada por una teoría del ciclo correcta.

En este sentido, la teoría del ciclo austriaca que hemos expuesto brevemente en otro artículo, explica cómo se produce esta grave descoordinación social en ámbitos como el dinero y el crédito bancario, y cuál es el papel del empresario.

Un empresario es, en sentido amplio, todo ser humano que actúa con perspicacia (alertness, en palabras de Israel Kirzner) para descubrir y darse cuenta de las oportunidades de ganancia subjetiva que surgen en su entorno, y establece un plan de acción para aprovecharse de ellas. En sentido estricto/económico, un empresario es todo aquel que guía los procesos de producción para satisfacer las necesidades y deseos de los consumidores. Para ello, se arriesga adquiriendo factores de producción en el presente para vender los productos terminados en el futuro y obtener una ganancia.

La función empresarial tiene una capacidad coordinadora. Los empresarios se dan cuenta de la situación de desajuste o descoordinación que se da en el mercado debido a la inevitable dispersión y limitación del conocimiento de oferentes y demandantes y, movidos por la creencia subjetiva de que existe una oportunidad de beneficio empresarial, crean nueva información y la transmiten a lo largo del cuerpo social. De esta manera se coordinan los comportamientos desajustados de los individuos del mercado. De esta manera los empresarios coordinan los planes de los individuos de la sociedad.

Habiendo comentado estos puntos, debemos preguntarnos si existe alguna relación entre estos aspectos y el desencadenamiento de las crisis. La respuesta es que sí, y tiene su origen en la pretensión de los bancos centrales de fomentar un crecimiento estable y sostenido mediante la manipulación de la oferta monetaria y el tipo de interés. Al reducir los tipos de forma arbitraria, se fomenta que los bancos sean más flexibles y proclives a conceder créditos ya que se encuentran respaldados por los bancos centrales. Esta distorsión de los tipos de interés hace que los empresarios emprendan proyectos que ven rentables pero que en realidad no lo son (desplazando para ello capital y trabajo).

De esta manera se desencadena un proceso de descoordinación intertemporal, ya que el tipo de interés es un importante fenómeno de mercado que relaciona los bienes presentes con los bienes futuros y tiene un papel protagonista en los procesos empresariales de coordinación intertemporal porque regula la relación entre consumo, ahorro e inversión.

Vemos como, de esta forma, se pervierte/distorsiona el necesario ajuste de los comportamientos presentes y futuros que realiza la función empresarial en el mercado de intercambio de bienes presentes por bienes futuros, lo cual provoca una generalizada mala inversión de los recursos y factores productivos e imposibilita que se descubran las situaciones de desajuste que se dan en la sociedad.

Cabría también preguntarse si los empresarios pueden evitar participar en este proceso de descoordinación (que además puede suponer su ruina) rechazando los préstamos que reciben del sector bancario. Mi respuesta es que hay pocas posibilidades de que puedan conocer y anticiparse a las distorsiones señaladas anteriormente, ya que difícilmente podrán saber si el préstamo que se le ofrece procede de un aumento del ahorro real de la sociedad o, por el contrario, se trata de dinero inflacionario que han creado artificialmente gobiernos y bancos.


1 de septiembre de 2009

Más quiebras y menos bancos centrales


En este artículo publicado en Tribuna Libre de Libertad Digital hablo sobre como los bancos centrales han causado la crisis mediante la manipulación arbitraria de los tipos de interés y, además, no han permitido que los procesos de mercado depuren y eliminan las malas prácticas bancarias.

A estas alturas de la crisis financiera actual parece imposible negar la (mala) influencia que han tenido las autoridades monetarias en el desencadenamiento y prolongación de la misma. Por un lado, los bancos centrales han dado comienzo a la crisis mediante la manipulación arbitraria de los tipos de interés, y por otro, no han permitido que los procesos de mercado depuren y eliminan las malas prácticas bancarias que llevaron a cabo, como veremos a continuación.

Tipos de interés e insolvencia bancaria

Los bancos centrales, al reducir los tipos de forma arbitraria, fomentaron que los bancos fuesen más flexibles y proclives a conceder créditos ya que, en última instancia, se encontraban respaldados por ellos. Esta reducción de tipos hizo que los empresarios viesen como rentables negocios que, en realidad, no lo eran. Emprendieron nuevos proyectos de inversión más largos, contratando a trabajadores y comprando bienes de capital.

Se les indujo a actuar como si el ahorro de la sociedad se hubiera incrementado, cuando se trataba de dinero inflacionario que habían creado artificialmente gobiernos y bancos. En un determinado momento, los empresarios comprobaron que se habían equivocado a la hora de invertir.

Principalmente, se dieron cuenta de sus malas inversiones al observar los grandes beneficios que estaban obteniendo las industrias de bienes de consumo. El consumo de bienes de primer orden (bienes de consumo) de la sociedad había aumentado tanto que no se liberaban los recursos necesarios para concluir esos proyectos iniciados.

Concluyeron, por tanto, que había sido un error el llevar recursos productivos del consumo hacia las industrias de bienes de capital. Por tanto, vemos cómo los gobiernos y los bancos centrales han tenido una influencia directa en esta crisis, al hacer que los empresarios reciban señales falsas y que las entidades de crédito extiendan el crédito sin respaldo de ahorro voluntario.

Este proceso ha terminado en malas inversiones, iliquidez e insolvencias. El problema que se presenta actualmente a los bancos es de insolvencia (y no de liquidez), ya que son incapaces de hacer frente a sus deudas. El valor de éstas, está muy por encima del valor de sus activos (que están inflados).

La mala práctica bancaria: el descalce de plazos

En su momento, las entidades de crédito se aprovecharon de los bajos tipos de interés para adquirir deuda a corto plazo para invertir a largo. Pues bien, las crisis financieras se producen por llevar a cabo esta mala práctica bancaria: el descalce de vencimientos o de plazos (maturity mismatch). Es una práctica muy habitual y característica de la banca actual. De hecho, podríamos afirmar que las entidades de crédito son instituciones que se dedican a la transformación de plazos.

El descalce de vencimientos supone un desequilibrio temporal, ya que las entidades de crédito invierten a largo plazo con deuda a muy corto plazo. Por ejemplo, se produce cuando una entidad se financia con depósitos, préstamos o pagarés para financiar sus activos invertidos a muy largo plazo (cartera de hipotecas a 25 años).

Es decir, decimos que un banco padece un descalce de vencimientos cuando el plazo de los instrumentos (o valores) con el que se financia es diferente al plazo de los préstamos (o activos) en los que ha invertido. Lo ideal y conveniente sería que los activos y pasivos casasen o, lo que es lo mismo, que las inversiones a largo plazo se financiasen con fondos a largo plazo.

Los maturity mismatches tienen varios riesgos. El primero de ellos es que se produzca una situación en la que el tipo de interés de sus depósitos suba enormemente (por lo que la financiación se encarece), pero el tipo de interés de sus activos o préstamos no cambie por tratarse de instrumentos a largo plazo. En este caso, las entidades no podrían modificar los préstamos hipotecarios que han concedido (como sucedió a las Savings & Loans Associations norteamericanos en los años 80).

Otro riesgo del descalce de vencimientos es que los bancos no puedan renovar los depósitos a largo plazo, y no puedan vender los activos en los que invirtió. Sin embargo, las entidades de crédito consideran que este riesgo no es importante porque los depósitos están garantizados (hasta cierto punto) por el Fondo de Garantía de Depósitos, y porque pueden recurrir al Banco Central para obtener financiación a corto plazo.

La banca central, prestamista de última instancia

Y he aquí el principal motivo de la persistencia de estas malas prácticas bancarias: la posibilidad de recibir financiación de los Bancos Centrales. Esto es así porque los bancos centrales actúan como "prestamistas de última instancia" de los bancos comerciales y otras instituciones financieras.

La justificación de esta función es proveer liquidez a los bancos en problemas para impedir el contagio entre bancos y evitar los pánicos bancarios generalizados. De esta manera, según se dice, se frenarían las crisis sistémicas en el sector bancario.

Ya durante los años 90 las intervenciones de los bancos centrales con el objeto de evitar la quiebra de entidades financieras y garantizar la estabilidad del sistema financiero se multiplicaron pero, en cualquier caso, los fenómenos acontecidos en la crisis actual han dejado patente la total incapacidad de los bancos centrales (y los gobiernos) de hacer frente a una crisis financiera generalizada.

La intervención de los bancos centrales dificulta e impide la depuración de errores que se llevaría a cabo dejando actuar a los procesos de mercado. Y es que los bancos comerciales incurren en riesgos excesivos, ya que esperan y confían ser rescatados por el Banco Central en caso de necesidad.

Y este "riesgo moral" se refiere tanto a los bancos como a los depositantes, ya que ambos tomarán más riesgos de los que asumirían en caso de no existir la posibilidad de ser rescatados en situaciones adversas por parte del Banco Central.

Desde luego, no parece muy conveniente ayudar a los bancos cuyos problemas surgieron de una conducta poco prudente. Si un banco tiene problemas de liquidez, debe acudir al interbancario (que no deja de ser un seguro del mercado). Un banco claramente solvente que experimenta problemas de liquidez puede obtener créditos en el mercado interbancario. De ahí deducimos que si un banco no consigue créditos en el interbancario, significa que no solamente es ilíquido sino que, además, es insolvente.

Pues bien, curiosamente, la función del prestamista de última instancia es apoyar a los bancos que se encuentran en esta situación de clara insolvencia. Es decir, ¡su función es prestar a quienes nadie más quiere prestar! Y, evidentemente, el Banco Central se enfrentará a pérdidas, ya que es poco probable que preste contra activos de buena calidad.

El papel de las quiebras en un mercado libre

Sencillamente, los bancos insolventes que no conseguirían créditos deberían tender a desaparecer. Las quiebras son un punto principal en el funcionamiento de una economía de libre mercado. Cuando un banco se encuentra en un proceso de quiebra, los activos que están en posesión del deudor deberían ser repartidos entre sus acreedores (depositantes a largo plazo).

Si el banco llega a la fase final del proceso de quiebra significa que ha fracasado en el mercado, es decir, que el banco no es capaz de encontrar proyectos capaces de conseguir financiación ni créditos para saldar sus deudas.

Éste es el único mecanismo para que los individuos no corran más riesgos en sus actividades económicas y las malas prácticas se depuren o eliminen. Si este mecanismo de cierre/quiebra se dificulta o se bloquea por parte del Estado, continuarán existiendo estos bancos ineficientes en el aparato productivo de la sociedad, y se incentivaría el otorgamiento temerario de créditos a la vez que se fomentaría el surgimiento de nuevas crisis financieras.

Prudencia en ausencia de bancos centrales

Si se eliminasen los préstamos y rescates bancarios por parte de los bancos centrales y los gobiernos, los bancos actuarían de forma más prudente y responsable. En un mercado libre sería importante ofrecer garantías. Veamos los casos de las reservas y los riesgos de incumplimiento de pagos.

Las reservas: como hemos visto, el negocio de las entidades de crédito reside en prestar lo que reciben cobrando intereses. En este sentido, les interesaría prestar todos los depósitos que reciben, ya que el mantener reservas no genera ingresos. Sin embargo, deben tener reservas para hacer frente a posibles retiros de los depositantes.

Si las autoridades monetarias no acudiesen en su ayuda con préstamos masivos, los bancos se asegurarían de tener el efectivo suficiente para pagar a sus depositantes en caso de darse un retiro de depósitos, ya que de no ser así se enfrentarían a la posibilidad de cerrar o tener que pagar los costes asociados al retiro inesperado de depósitos. Estos costes vendrían de tener que cancelar créditos, vender una parte de sus valores privados, vender préstamos o pedir prestado a otros bancos (o instituciones).

Incumplimiento de pagos: en ausencia de bancos centrales, los bancos seguirían tratando de encontrar clientes que pagasen tasas de interés altas, pero prestarían mucha atención a su solvencia . Minimizarían el riesgo de incumplimiento de pagos, ya que adquirirían activos seguros. Vigilarían mucho más a quién se le concede un préstamo.

Conclusión

La intervención monetaria directa e indirecta de las autoridades monetarias en los mercados financieros ha propiciado la actual crisis económica. Directamente, mediante la manipulación de los tipos de interés. Indirectamente, fomentando las malas prácticas bancarias y evitando su depuración.

La supresión de las intervenciones monetarias por parte de los bancos centrales, así como la eliminación de los privilegios públicos que los gobiernos dan a las entidades de crédito, constituyen un requisito imprescindible para disminuir el número e intensidad de las crisis financieras y conseguir una estabilidad en el sistema financiero internacional.

27 de mayo de 2008

Los impuestos y la distorsión de los precios


En este artículo publicado en Asturias Liberal comento uno de los efectos que tienen los impuestos: distorsionar los precios.

No deja de ser interesante la manera que tienen los gobiernos para legitimar los impuestos. Actualmente es posible ver un anuncio de televisión de la Agencia Tributaria en donde se nos dice que debemos ser buenos “contribuyentes” y pagar todos nuestros impuestos religiosamente. Y acaba diciendo que “así mejoramos todos”. Y claro, ¿quién va a ser el desalmado que no quiera que mejoremos todos?

En otro artículo hablábamos de cómo los impuestos tiene un efecto nocivo en las empresas y la economía porque desalientan y desincentivan las actividades productivas y creadoras de empleos. Sin duda, una manera curiosa de que mejoremos todos…

Pero los impuestos también tienen otro efecto devastador que generalmente no se tiene en cuenta: distorsionan los precios de mercado.

El mercado libre se basa en el mecanismo de los precios. Los precios reflejan las condiciones de oferta y demanda, por lo que suponen la información más relevante y valiosa de la que disponen los consumidores y productores para decidir cuando comprar o vender.

Al gravar un determinado producto (o servicio) se varía artificialmente su precio y deja de ser indicador de la oferta y demanda real. Su aumento de precio en el mercado ya no refleja una menor oferta o una mayor demanda.

Inevitablemente, esto altera la toma de decisiones tanto en la producción como en el consumo porque empiezan a recibir mensajes distorsionados, señales modificadas y actuarán en consecuencia. Se impide el correcto funcionamiento del mercado porque se distorsiona la asignación de recursos.

En un mercado libre, donde se respetan las transacciones voluntarias y la propiedad privada de los medios de producción, los recursos fluyen hacia aquellas líneas de producción que satisfacen las necesidades que los consumidores en cada mercado consideran más “urgentes”, es decir, que generan más valor. De esta manera, el sistema de precios actúa con toda su eficacia para transmitir oportunamente la información relevante asegurando que los bienes se produzcan de la manera más eficaz y menos costosa posible.

Una cosa que nunca entenderá un colectivista cualquiera es que los impuestos no son económicamente neutros. Los principios económicos más básicos nos muestran que los controles de precios, los precios “justos” y demás intervenciones gubernamentales distorsionan el sistema de precios, impidiendo que los bienes fluyan hacia dónde más se necesitan. Y no sé si alguien se puede creer que esto nos ayuda a todos precisamente.

19 de mayo de 2008

Orden espontáneo e instituciones sociales


En este artículo publicado en Asturias Liberal hablo sobre error de intentar contruir el orden social intencionalmente.


Lamentablemente, está extendida la idea de que la sociedad es un orden que puede construirse intencionalmente. Los socialistas de todos los partidos (y todo el sistema en general), nos bombardean continuamente con esta idea. Es el típico pensamiento antiliberal de que la gente dejada “a su aire” puede provocar resultados no deseados. ¿Qué es lo que hay que hacer entonces? Dirigirla. Obvio.

¿Qué significa dirigir la sociedad? Pues básicamente tutelarla, es decir, marcar los fines de los individuos. O lo que es lo mismo: identificar los fines sociales que ellos determinan con los fines del individuo. La coordinación social debe, por tanto, ser impuesta.

Esto supone no entender nada del proceso social, ya que la sociedad es un complejísimo proceso espontáneo de interacciones humanas movidas todas ellas por el deseo de alcanzar sus propios fines.

Una palabra clave aquí es espontáneo. Una gran aportación de Carl Menger consiste en haber desarrollado la teoría del surgimiento espontáneo y evolutivo de las instituciones a partir de la concepción subjetiva de la acción humana. Como manifestara Menger: “el problema más importante de las ciencias sociales es explicar cómo las instituciones que sirven al bienestar común y que son extremadamente importantes para su desarrollo llegaron a existir sin una voluntad común dirigida a establecerlas”.

Hayek señala entre otras instituciones que son el resultado de la acción espontánea evolutiva nada menos que al lenguaje, la moneda, el derecho de propiedad, el comercio, la lex mercatoria que rige los intercambios internacionales y la misma Common Law. Las instituciones sociales son el resultado de conductas regulares no planificadas por los individuos para hacer frente a los problemas que enfrentan. Se forman inintencionadamente, es decir, sin una programación previa

Vemos en el orden social un vínculo interno producido endógenamente, lo que equivale concebir la sociedad como un orden espontáneo. Esta es la naturaleza interna del vínculo social.

La teoría social comienza con el descubrimiento de que existen estructuras ordenadas que son producto de la acción de muchos hombres, pero que no son resultado de una planificación humana. Es ese permanente fluir de iniciativas individuales, que son de tal modo seleccionadas y agregadas a un nivel de conocimiento que ninguna mente humana particular es capaz de alcanzar.

La idea de que la sociedad puede construirse intencionadamente debe ser rechazada. Deberíamos confiarnos a ese gran mecanismo productivo que es el proceso social abierto a la cooperación de todos, ya que sólo de esta manera es posible el desarrollo económico y el aumento de conocimiento.

Y sin embargo, los enemigos de la libertad siguen queriendo tutelar al individuo y sus opciones innovadoras. Quieren dirigir el mundo, cuando lo mejor sería que nos dejasen en paz.

3 de abril de 2008

Los precios: la información que guía la economía


En este artículo de divulgación hablo acerca de la importancia de los precios en la economía. Se ha publicado en Asturias Liberal (03/04/2008), Aragón Liberal (02/05/2008) y Canarias Liberal (06/06/2008).


El mercado libre es el intercambio pacífico y voluntario de los derechos de propiedad.

Debido a que las transacciones son voluntarias, el proceso se basa en la persuasión y no en la coacción. Esto hace que sea moralmente superior a cualquier otro sistema de asignación de recursos.

Esta ausencia de coerción hace que sólo exista una manera de sobrevivir y enriquecerse en el mercado: satisfaciendo necesidades, deseos y gustos ajenos que los consumidores expresan al tomar sus decisiones particulares.

Pero, si la mayoría de los participantes del mercado no se conocen entre si,
¿cómo se consigue saber los bienes y servicios que requiere la gente? Respuesta: mediante el sistema de precios.

Los precios dicen a los partícipes del mercado qué necesidades tienen los demás y hasta qué punto quieren verlas satisfechas. Junto con las ganancias mayores son los mejores mensajes para conocer las necesidades humanas. Por consiguiente, los precios hacen de señales que facilitan al individuo, a la vez que lucha por satisfacer sus necesidades, contribuir sin saberlo a satisfacer las de otros.

El mecanismo de los precios es imprescindible e insustituible para indicar de forma precisa a consumidores y productores las decisiones que deben tomar de acuerdo con las condiciones reales de la oferta y la demanda.

A diferencia de lo que los intervencionistas opinan, el mercado no representa una anarquía de la producción. Todo lo contrario: es el único mecanismo capaz de coordinar las decisiones de los productores con las de los consumidores.

No hay sistema que puede sustituir a los precios como mecanismo que refleja las prioridades sociales y guía el proceso económico. La formación del precio es el proceso que todo lo dirige, y a lo que todas las cuestiones en economía se remontan.

El intento de suplantarlo mediante regulaciones económicas lo único que consigue es distorsionar, ralentizar y destruir la economía.

Pero de las intervenciones y regulaciones hablaremos en otro momento.