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29 de noviembre de 2009

Los empresarios y las crisis


Publicado en el IJM.

Cuando hablamos de crisis económicas solemos señalar las malas inversiones que se han llevado a cabo por parte de los empresarios. En realidad, lo característico de las crisis económicas no es el hecho de que los empresarios se equivoquen al llevar a cabo sus proyectos e inversiones (cosa que ocurre en cualquier lugar y tiempo), sino que se equivoquen todos a la vez. Es decir, que ocurran errores colectivos simultáneos. Y es precisamente esta circunstancia la que debe ser explicada por una teoría del ciclo correcta.

En este sentido, la teoría del ciclo austriaca que hemos expuesto brevemente en otro artículo, explica cómo se produce esta grave descoordinación social en ámbitos como el dinero y el crédito bancario, y cuál es el papel del empresario.

Un empresario es, en sentido amplio, todo ser humano que actúa con perspicacia (alertness, en palabras de Israel Kirzner) para descubrir y darse cuenta de las oportunidades de ganancia subjetiva que surgen en su entorno, y establece un plan de acción para aprovecharse de ellas. En sentido estricto/económico, un empresario es todo aquel que guía los procesos de producción para satisfacer las necesidades y deseos de los consumidores. Para ello, se arriesga adquiriendo factores de producción en el presente para vender los productos terminados en el futuro y obtener una ganancia.

La función empresarial tiene una capacidad coordinadora. Los empresarios se dan cuenta de la situación de desajuste o descoordinación que se da en el mercado debido a la inevitable dispersión y limitación del conocimiento de oferentes y demandantes y, movidos por la creencia subjetiva de que existe una oportunidad de beneficio empresarial, crean nueva información y la transmiten a lo largo del cuerpo social. De esta manera se coordinan los comportamientos desajustados de los individuos del mercado. De esta manera los empresarios coordinan los planes de los individuos de la sociedad.

Habiendo comentado estos puntos, debemos preguntarnos si existe alguna relación entre estos aspectos y el desencadenamiento de las crisis. La respuesta es que sí, y tiene su origen en la pretensión de los bancos centrales de fomentar un crecimiento estable y sostenido mediante la manipulación de la oferta monetaria y el tipo de interés. Al reducir los tipos de forma arbitraria, se fomenta que los bancos sean más flexibles y proclives a conceder créditos ya que se encuentran respaldados por los bancos centrales. Esta distorsión de los tipos de interés hace que los empresarios emprendan proyectos que ven rentables pero que en realidad no lo son (desplazando para ello capital y trabajo).

De esta manera se desencadena un proceso de descoordinación intertemporal, ya que el tipo de interés es un importante fenómeno de mercado que relaciona los bienes presentes con los bienes futuros y tiene un papel protagonista en los procesos empresariales de coordinación intertemporal porque regula la relación entre consumo, ahorro e inversión.

Vemos como, de esta forma, se pervierte/distorsiona el necesario ajuste de los comportamientos presentes y futuros que realiza la función empresarial en el mercado de intercambio de bienes presentes por bienes futuros, lo cual provoca una generalizada mala inversión de los recursos y factores productivos e imposibilita que se descubran las situaciones de desajuste que se dan en la sociedad.

Cabría también preguntarse si los empresarios pueden evitar participar en este proceso de descoordinación (que además puede suponer su ruina) rechazando los préstamos que reciben del sector bancario. Mi respuesta es que hay pocas posibilidades de que puedan conocer y anticiparse a las distorsiones señaladas anteriormente, ya que difícilmente podrán saber si el préstamo que se le ofrece procede de un aumento del ahorro real de la sociedad o, por el contrario, se trata de dinero inflacionario que han creado artificialmente gobiernos y bancos.


21 de octubre de 2009

El endeudamiento de los Estados modernos


Publicado en el Instituto Juan de Mariana.

Es una práctica corriente y ampliamente extendida en el mundo moderno que los Estados gasten más dinero que el que recaudan debido a los compromisos políticos y sociales que asumen.

Cuando un gobierno se endeuda ocurre lo mismo que cuando lo hace una persona, familia o empresa: el contraer deudas le permite gastar más en el presente. ¿Qué es lo que haría una familia en esa situación? Lógicamente procuraría disminuir los gastos (e incrementar los ingresos si es posible) para saldar sus deudas. Esto, que resulta tan evidente para familias y empresas, no lo es si se trata del Estado.

Los gobiernos tienen una clara tendencia/preferencia a financiar sus gastos con deuda. De esta manera pueden gastar todo lo que quieran en el presente sin preocuparse mucho por las consecuencias, que vendrán en el futuro.

La forma de obtener financiación de los gobiernos es obteniendo préstamos o emitiendo bonos. En el primer caso, los gobiernos recurren a una institución financiera para obtener un préstamo, que tendrá derecho posteriormente a demandar el capital más un interés determinado. Los bonos son títulos de la deuda pública de un país emitidos por la tesorería del Estado que devengan un interés fijo y son emitidos a largo plazo (aunque existe una gran cantidad de variantes al respecto). A la llegada de la fecha de vencimiento se paga al poseedor su valor nominal. Debido al gran peso de las deudas contraídas, es habitual que, entre los gastos del Estado, se incluya una considerable partida dedicada al pago de los intereses y del capital de la deuda asumida.

En el caso de Estados Unidos, Obama se gastó
3,2 billones de dólares para llevar a cabo sus grandes planes y rescates financieros. No ha alcanzado los objetivos que se proponía, pero sí ha conseguido tener un desequilibrio presupuestario memorable. El déficit público se ha disparado y ha alcanzado cifras históricas. Para hacer frente a este déficit, el Gobierno Federal va a tener que emitir nueva deuda pública y pedir prestado al exterior una enorme cantidad de dinero para hacer frente a la necesidad de financiación sin precedentes.

La deuda pública se puede clasificar en interna o externa. La primera sería aquella cuyos acreedores son ciudadanos del propio país, mientras que la segunda sería la que está en poder de acreedores extranjeros. También suele darse el nombre de deuda externa a la denominada en moneda extranjera. La (principal) diferencia entre tener deuda en moneda extranjera o local, es que en el segundo caso se puede recurrir a emisiones suplementarias de moneda nacional para atenderla. Esta “licuación” hace que exista, evidentemente, una presión de tipo inflacionario, ya que las emisiones se producen sin respaldo de bienes producidos por el país.

Volviendo al caso de Estados Unidos. China es el principal acreedor del gobierno estadounidense junto con Japón. El gobierno chino ha considerado en el pasado que los bonos del Tesoro americano eran buenos activos (sino los mejores) para invertir en ellos. Sin embargo, la desastrosa política económica llevada a cabo por las autoridades monetarias estadounidenses, ha hecho que el dólar se
deprecie enormemente. Esto ha hecho que los chinos empiecen a desconfiar en los bonos del Tesoro americano, ya que prevén que los beneficios serán cada vez menores. China reducirá (lógicamente) su compra de activos estadounidenses nominados en dólares; su tenencia de bonos irá en descenso; y diversificará sus activos con el objetivo de no tener demasiada deuda pública americana. Si los inversores extranjeros son incapaces de absorber la creciente oferta de bonos por parte del Tesoro, Estados Unidos tendría un serio problema justo en el momento en que se enfrenta a la mayor necesidad de financiación de toda su historia.

Señalar, para finalizar, que los gobiernos pueden seguir incrementando su deuda hasta el punto en que no haya nadie capaz/dispuesto a seguir prestando por el riesgo de incumplimiento. Es decir, los estados también pueden caer en default. Y es que las políticas keynesianas que abogaban por presupuestos deficitarios como remedio para activar el crecimiento económico, han contribuido enormemente al endeudamiento y colapso de los estados modernos.

16 de septiembre de 2009

Telma Ortiz “La Cooperante”: borboneando, que es gerundio


Sobre el nombramiento "a dedo" de Telma Ortiz en el Ayuntamiento de Barcelona. Publicado en Asturias Liberal y Aragón Liberal.

Uno no gana para sustos déspotas y totalitarios. De una de éstas no saldremos, para qué engañarnos. Hete aquí que Telma Ortiz, hermana de la princesa Leti, se incorpora al Ayuntamiento de Barcelona como subdirectora del Proyecto del Departamento de Relaciones Internacionales con el objetivo de fortalecer los vínculos de Barcelona con Asia y el área del Pacífico.

Lo primero que uno piensa es de dónde debe provenir la utilidad de que Barcelona tenga un departamento de relaciones internacionales. La verdad es que es difícil ver el interés de tener pseudo-embajadas barcelonesas esparcidas por todo el mundo (hasta ahora en países iberoamericanos; algunos africanos como Guinea, Sahara y Etiopía; y europeos como Bosnia y especialmente Sarajevo).

Lo lógico sería que, en tiempos de crisis, la Administración rebajase sus costes/gastos y aligerase su estructura para que el dinero destinado a esos proyectos se quedase en los bolsillos de los contribuyentes. Y, sin embargo, lo que se lleva a cabo es una ampliación del arco de países beneficiarios, ya que Asia nunca fue objetivo de ese departamento.

El puesto que ocupará Telma Ortiz es, por tanto, un cargo de nueva creación ya que no existía previamente en el Consistorio. Josep Roca, director del Área Internacional la ha fichado sin concurso. La remuneración de esta categoría profesional puede oscilar entre 20.649 y 62.699 euros. Los puestos de subdirector en las administraciones públicas son puestos de nivel 30, de los más altos de la Administración, reservados a funcionarios de categoría superior y amplia calificación y experiencia.

Lo condenable de la situación es que ha sido nombrada “a dedo”, es decir, que no ha accedido a la función mediante los controles oportunos. No ha superado ninguna prueba, examen u oposición. De hecho, parece ser que se presentó a las oposiciones de AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, y no solamente no aprobó, sino que su clasificación fue considerablemente baja. A esto hay que añadirle el hecho de que es dudoso que reúna todos los requisitos para acceder al puesto público, como por ejemplo, el nivel C de catalán.

Es fácil concluir que se le ha nombrado por ser quién es, es decir, un miembro de la Familia Real. Vamos, es lo que se suele denominar coloquialmente un “enchufe”. Lo cual constituye un insulto monumental a todos los opositores del país, además de suponer una desigualdad ante la ley y una falta de respeto a todos los ciudadanos.

Si la chica tiene capacidad o no para desempeñar el cargo es otra cuestión. La verdad es que dicen que es una chica con unas capacidades limitadas y una trayectoria mediocre hasta que su hermana se convirtió en princesa. De todas formas, si tantas cualidades y capacidades tiene La Gran Cooperante, ¿por qué no se ha interesado en ella ninguna ONG, fundación o empresa privada?

Lo que no se entiende es como el Rey, consciente de que un miembro de la Familia Real no puede ostentar cargos públicos ni inscribirse en un partido político, no la haya colocado en una empresa privada en vez de una pública.

Y es que el Rey tiene una evidente responsabilidad en todo esto: o bien ha influido directamente en que se coloque a la hermana de Leti en el puesto, o bien no impide que esta señorita acceda a un puesto público aprovechándose de sus vínculos con la Casa Real.

En cualquiera de los dos casos, permite que se imponga el privilegio por delante del mérito, lo cual significa que está consistiendo que se beneficie a unos españoles y se perjudique a otros. Está promoviendo la desigualdad entre los españoles directa o indirectamente. Y esto conlleva un descrédito grave para la Familia Real.

No creo que la institución de la Monarquía quede muy bien parada. Este tipo de sucesos lamentables constituyen una de las mejores campañas anti-monarquía. Uno no puede dejar de preguntarse qué clase de asesores tiene la monarquía española. ¿Qué ejemplo constituye la Monarquía para los españoles en este momento? No quiero entrar aquí en el eterno debate de monarquía o república. Quizás en otro momento. Lo que quiero señalar, y de lo que estoy totalmente seguro, es que la institución de la monarquía se resiente fuertemente cuando surgen este tipo de hechos.

Y es justo que así sea. Es justo que quien promueva, apoye o no haga nada para evitar la injusticia y la desigualdad, caiga en descrédito y su popularidad se desplome. Ya se trate de políticos, monarcas o presidentes de repúblicas.

En este sentido, el creciente empeño que tiene la Monarquía española de acabar en un museo tampoco nos va mal a los liberales, ya que revela que la verdadera naturaleza de los dirigentes no es la de seres angelicales cuyo único fin en la vida es preocuparse de nuestro bienestar, nuestra autorrealización y nuestra felicidad.

Aunque, en realidad, es lógico pensar que los más felices con estos acontecimientos son los republicanos, que ven como con este nombramiento “a dedo” cae el prestigio que había conseguido la Monarquía durante tantos años. Y es que para bien o para mal, tanto si nos gusta o no, creo que la III República está un poco más cerca.

24 de agosto de 2009

Los instrumentos del banco central para expandir el crédito


En este artículo publicado en el IJM comento las operaciones utilizadas por el banco central para controlar la base monetaria, y de esa manera influir en la oferta monetaria y expandir el crédito.

El sistema basado en el patrón oro impidió a los gobiernos extenderse y crecer debido a las grandes restricciones presupuestarias a las que se veían sujetos. Sin embargo, desde que el Estado expropió el oro, la inflación empezó a utilizarse como recurso de autofinanciación. De ahí que Jacques Rueff hablase de "era de la inflación".

El proceso inflacionario debe entenderse no como el aumento generalizado de precios, sino como el incremento de la cantidad de dinero en el sistema económico como consecuencia de políticas monetarias, que suele producir (aunque no siempre) un aumento de los precios porque la moneda pierde valor adquisitivo y calidad. La inflación es, por tanto, un fenómeno monetario causado por la expansión crediticia por parte de las autoridades monetarias.

Bajo el sistema de patrón oro la estabilidad del oro era tal que su valor variaba muy lentamente. Si el stock de oro se modificaba (producción nunca por encima del 4 por ciento anual), los precios relativos tendían a ajustarse a la nueva cantidad. En un sistema de Banca Central en el que se sustituye el dinero-mercancía por dinero fiat, las autoridades monetarias pueden manipular la oferta monetaria y expandir el crédito a discreción. Cuando el objetivo de las autoridades monetarias es el de introducir más dinero en circulación, se habla de política monetaria expansiva.

Dentro de las operaciones que amplían la base monetaria podemos distinguir las que son externas al banco central (autónomas) y las que son internas (controlables). Las operaciones externas serían los superávit de la balanza de pagos (sector exterior). Si hay saldo positivo en el comercio exterior porque las exportaciones superen a las importaciones, las reservas en divisas aumentarán provocando un aumento en la base monetaria.

Nos interesa resaltar y prestar más atención a las operaciones internas, ya que son las operaciones utilizadas por el banco central para controlar la base monetaria, y de esa manera influir en la oferta monetaria y expandir el crédito. Dentro de estos instrumentos de control, encontramos las siguientes:

Operaciones de mercado abierto. Son las operaciones de compra-venta que lleva a cabo el banco central con las entidades financieras en el mercado abierto para adquirir o desprenderse de títulos de deuda pública (letras, bonos y obligaciones). Si compra deuda pública, incrementará el activo en la cuenta de crédito sobre el sector público, por lo que tendrá que aumentar el pasivo monetario (creación de dinero). Las entidades financieras se desprenden de valores de renta fija por liquidez, que podrá ser utilizada para conceder más préstamos. Es la herramienta más importante de control monetario de los bancos centrales.

Préstamos a la banca. Las autoridades monetarias pueden aumentar el dinero en circulación otorgando préstamos a los bancos. El tipo de redescuento es el interés que cobra el banco central a los bancos que acuden a descontar títulos previamente descontados por ellos. Estos créditos se realizan, principalmente, a través de operaciones de mercado abierto y a través de facilidades permanentes. Las tasas de descuento que fijan los bancos centrales por realizar el redescuento resultan de gran importancia para el conjunto de la economía ya que sus cambios están relacionados directamente con la cantidad de dinero que circula en el mercado. Si reduce la tasa, hará más atractivos los préstamos bancarios en la ventanilla de descuento. Las entidades financieras solicitarán mayores importes (expandiéndose de esta forma la base monetaria) y los empresarios dispondrán más fácilmente de dinero para invertirlo en sus proyectos.

Operaciones de cambio. Cuando el banco central compra y vende activos en moneda extranjera. La compra de activos externos tiene efectos sobre la cantidad de dinero en la economía ya que aumenta la oferta de dinero.

Coeficiente de caja. El banco central decide las reservas mínimas, es decir, el mínimo de reservas que deben tener los bancos en proporción a los depósitos a la vista para poder satisfacer la demanda de efectivo por parte de los depositantes. El coeficiente de caja (o encaje bancario) indica el porcentaje de los depósitos que ha de mantenerse líquido, es decir, sin prestarse. Actualmente, éstos deben tener, al menos, un coeficiente de caja igual a un 2 por ciento de sus depósitos en el caso europeo. Si el banco central decide reducir el coeficiente de caja, estará propiciando que los bancos reserven menos dinero y presten más, con lo que la cantidad de dinero en circulación será mayor, aumentándose la oferta monetaria. Si baja el encaje se expande el crédito mediante el multiplicador monetario.



27 de julio de 2009

Honduras, espejo de América Latina


En este artículo publicado en el IJM comento los sucesos acontecidos en Honduras señalando que tanto Zelaya como los golpista incumplieron el orden constitucional.

Manuel Zelaya, el depuesto presidente de Honduras, pretendía manipular la Constitución hondureña para eternizarse en el poder. Todo a imagen y semejanza del presidente venezolano Hugo Chávez, por el que Zelaya se sintió atraído justo desde el momento en que ganó las elecciones hondureñas. Prueba de ello fue que no tardase en proclamarse socialista y amigo de Hugo Chávez una vez aterrizó democráticamente en el poder hondureño.

Zelaya fue advertido repetidamente por la Corte Suprema de la ilegalidad de su referéndum, ya que la Constitución de la República de Honduras prohíbe explícitamente la reelección presidencial (artículo 239). Cuando la Asamblea Nacional Constituyente aprobó la Constitución en 1982, estableció que varios artículos fuesen irreformables o “pétreos” mediante el artículo 374. No sólo prohíbe que se reforme dicho artículo, sino que también manda castigar a quien proponga dicha reforma. Teniendo esto claro, es evidente que las intenciones de Zelaya de utilizar un referéndum (“encuesta de opinión”, según él) para posibilitar la reelección eran claramente inconstitucionales.

La situación se agravó definitivamente cuando Zelaya ordenó a las Fuerzas Armadas que llevasen a cabo la logística del referéndum. El general Romeo Vásquez se negó por considerarlo inconstitucional y fue destituido de su cargo, lo que motivó el posterior golpe de estado.

Porque lo que sucedió en Honduras sí fue un golpe de estado. El general Romeo Vásquez tomó el poder político de forma violenta vulnerando las normas y leyes vigentes. Será difícil encontrar ningún artículo en la Constitución y leyes hondureñas que establezca que cuando un presidente actúa inconstitucionalmente los militares puedan entrar en su habitación a punta de pistola y expulsarlo a otro país sin haber sido juzgado y condenado en juicio legal.

Y es que la amenaza a la democracia constitucional que representaba Zelaya no se debería haber resuelto mediante golpes de estado bananeros, sino haciendo prevalecer el orden constitucional, es decir, siguiendo fielmente lo que las leyes hondureñas establecen para juzgar el delito del presidente. La Corte Suprema debería haber declarado el referéndum como ilegal y convocado al Congreso de la Nación para detener a Zelaya y destituirlo de su cargo. En definitiva, este proceso se tendría que haber realizado de forma legal y transparente, y no mediante un golpe de estado surgido de la conspiración de los adversarios políticos de Zelaya y los militares. La ley no se defiende violentándola. Nadie debe estar por encima de la ley.

Y éste es el gran problema de América Latina y de otros lugares del mundo (incluyendo países del Primer Mundo): la continua violación o ausencia del Estado de Derecho. La democracia sin un Estado de Derecho que garantice y respete los derechos individuales naturales del hombre (vida, propiedad y contratos) no logra generar paz y prosperidad. En América Latina observamos continuamente lo contrario: violencia y pobreza. Violencia, porque no hay un poder judicial que haga valer los derechos del individuo y limite al poder político. Pobreza, porque la economía de mercado no puede funcionar sin la protección de los derechos de propiedad, vida y contratos.

Quizás en Latinoamérica se debiera tener muy presente a Juan Bautista Alberdi, lúcido liberal argentino, que en La Omnipotencia del Estado es la Negación de la Libertad Individual (1880) escribió lo siguiente:

“El Estado se hace fabricante, constructor, empresario, banquero, comerciante, editor, y se distrae así de su mandato esencial y único, que es proteger a los individuos de que se compone contra toda agresión interna y externa. En todas las funciones que no son de la esencia del gobierno obra como ignorante y como un concurrente dañino de los particulares, empeorando el servicio del país, lejos de servirlo mejor.”


29 de junio de 2009

Nacionalismo liberal en Cataluña: ¿realidad o mascarada?


En este artículo publicado en el IJM, me pregunto si existe un nacionalismo liberal en Cataluña y explico las ideas que debería aceptar todo aquel que se autodenomine liberal.

Es posible leer y oír en medios de comunicación a personas que pertenecen (o están vinculados) a grupos nacionalistas catalanes (CIU, ERC) que aseguran mantener posturas liberales, y que incluso se definen como tales. Ante esto, cabe preguntarse si verdaderamente se está gestando una masa crítica de nacionalistas liberales en Cataluña, lo cual sería bueno y deseable desde mi punto de vista. Será necesario someter a estudio su ideario para ver si coincide con los postulados básicos del liberalismo. Comprobar, en definitiva, si defienden la mayoría de las ideas liberales o sólo aquellas que apoyen sus tesis nacionalistas. Para ello, mi intención es comentar los conceptos que creo que deberían ser aceptados por todo aquel que se considere defensor del individuo para que puedan ser aplicados al caso catalán.

Empecemos por el derecho a la autodeterminación. Pese a que es una postura que genera controversia, la secesión forma parte del pensamiento liberal. El liberal está (o debería estar) a favor del derecho a la secesión, es decir, a que una parte de los ciudadanos de un territorio decidan (libremente), mediante plebiscito, separarse del Estado del que hasta ahora forman parte. Para ser exactos, de lo que se estaría a favor es de hacer posible que los individuos se organicen políticamente de forma libre. Son los individuos, y no un ente colectivo, quienes deben decidir si pertenecen o no a un determinado Estado. En este sentido, una hipotética secesión de Cataluña debería ser contemplada como legítima, al menos a priori.

Lo cual no significa que la nación resultante vaya a regirse por principios liberales. Nada nos asegura que la parte secesionada vaya a ser más próspera económica y socialmente. Dependerá, en cada caso concreto, del rumbo de las políticas del nuevo Gobierno regional. Si bien es cierto que el reducido tamaño puede inducir a la moderación y a la limitación gubernamental debido a la "competencia política", tampoco existe una relación clara entre dimensión territorial y libertad económica (ver la diferencia entre Suiza y Albania). Efectivamente, un país pequeño debe competir con los demás por el capital y el trabajo, por lo que debe evitar que estos factores se desplacen y emigren hacia otros estados. Si la nueva nación secesionada desea prosperar, deberá imitar las prácticas de las sociedades más prósperas y avanzadas, es decir, deberá procurar que la intromisión en las economías y vidas particulares sea lo más reducida posible. En este sentido, la competencia política podría convertirse en un instrumento limitador (incluso más efectivo que las constituciones). Pero como hemos dicho antes, habrá que estudiar el caso concreto para comprobar si la secesión ha supuesto una mejora o un retroceso para sus ciudadanos.

Sin embargo, para los liberales el derecho de autodeterminación de las naciones no es un punto de partida, sino una consecuencia o deducción lógica de la máxima pretensión liberal: la autodeterminación del individuo. Es decir, que si fuera posible darle el derecho de autodeterminación a cada individuo, se le debería conceder automáticamente. El compromiso del liberal no es con una nación, sino con el individuo. De este hecho se extraen varias implicaciones que podríamos aplicar al caso de Cataluña.

La primera es que, en el caso de secesionarse una región, ésta no podría ejercer la violencia y la coacción para evitar que otros grupos minoritarios pudieran a su vez separarse. Se debería permitir, por tanto, la independencia dentro de la propia Cataluña. Significa esto, que si los ciudadanos de Barcelona quisieran independizarse de Cataluña, deberían poderlo hacer.

Una segunda implicación sería que un Estado no puede querer anexionarse otra región o nación sin el consentimiento de sus habitantes. Lo cual significa que, desde una perspectiva liberal, es inadecuado e inmoral hablar de la existencia y unión de los Països Catalans, ya que los habitantes de estos territorios no han mostrado expresamente su deseo de articularse políticamente con Cataluña (sino todo lo contrario). Querer anexionarse las Islas Baleares, Andorra, la Comunidad Valenciana, el Rosellón, la Franja de Aragón, la ciudad sarda de Alguer y la pequeña comarca murciana de El Carche supondría desconocer y violar el principio de autodeterminación.

Otra deducción lógica del principio de autodeterminación del individuo sería que el ciudadano debe poder elegir la lengua en la que expresarse y comunicarse con los demás. Debe existir, por tanto, liberalización lingüística. El liberal estará en contra de la imposición estatal de las lenguas, es decir, a que el Gobierno obligue a los ciudadanos a utilizar una determinada lengua ya sea en la educación, en su negocio o en cualquier otro ámbito. También debería ser considerado un ataque a las libertades individuales las subvenciones que directamente busquen favorecer una determinada lengua con respecto a las demás lenguas oficiales.

Relacionado con éste, está la libertad de educación. Una persona que se considere liberal deberá creer firmemente en una educación libre de intervenciones estatales que determinen qué asignaturas se deben cursar, en qué lengua deben darse y el contenido concreto de las mismas. Hay que oponerse a la regulación política de la enseñanza para que no acabe siendo un instrumento al servicio de los gobernantes.

Por último, también hay que señalar otras implicaciones (especialmente importantes en los tiempos actuales de crisis) que deberían ser asumidas por todo aquel que se autodenomine liberal: la eliminación de las intervenciones estatales en la economía, la disminución de los impuestos y del gasto público, la supresión de políticas expansionistas por parte de los bancos centrales y el cese de las emisiones de deuda pública, entre otros.

Es relativamente sencillo, entonces, determinar si existe un movimiento nacionalista liberal en Cataluña. Si comparten la inmensa mayoría de estos principios básicos que hemos señalado, su existencia será una (grata) realidad. Serán liberales, porque defienden al individuo ante todo. Entienden que el individuo está por encima de cualquier misticismo colectivista. Si por el contrario, no son capaces de hacer suyas las ideas expuestas anteriormente, será verdaderamente difícil hablar de nacionalistas liberales. Por tanto, habrá que resignarse y concluir que no son una realidad, sino una mascarada. Una mascarada nacionalista contra el individuo.

3 de junio de 2009

El error de las ayudas al sector del automóvil


En este artículo publicado en el Instituto Juan de Mariana explico las razones por las que creo que las ayudas y subvenciones directas al sector del automóvil serán contraproducentes.

El sector del automóvil está sufriendo un fuerte frenazo. Considerado por muchos analistas como la columna vertebral de la industria española, este sector significa el 8,5 % del PIB, el 25% de las exportaciones y alrededor del 8% del empleo a nivel industrial. Ante este gris panorama, el Gobierno español ha decidido acudir al rescate del sector, como era de esperar.

Cuando un Gobierno decide proteger o fomentar un determinado sector de la economía, lo puede hacer de distintas formas: estableciendo precios máximos o mínimos, imponiendo aranceles o mediante subvenciones, entre otras. En el caso español, Zapatero ha apostado por solucionar la situación del sector automovilístico mediante ayudas y subvenciones directas, argumentando que la caída de este sector arrastraría a otros muchos sectores y, por tanto, a toda la economía del país. Mediante el plan2000E se promete una subvención de hasta 2000 euros para la adquisición de un automóvil: 500 euros los aportaría el gobierno central, 1000 euros los fabricantes y 500 euros las comunidades autónomas que lo deseen.

Es cierto que la crisis de un sector como el automovilístico es perjudicial para la economía española. Pero lo que no está tan claro es que las medidas que ha propuesto el Gobierno socialista sean convenientes. Bajo mi punto de vista, no sólo no van a constituir ninguna ayuda para los ciudadanos, sino que estas medidas de intervención van a producir unos efectos contrarios de aquellos que se pretendía lograr, como expondré a continuación.

Veamos. ¿Por qué se ha visto especialmente afectado el sector del automóvil por la crisis económica? La razón es que durante una crisis económica, los individuos suelen reducir su consumo, ya sea ahorrando o atesorando. Esto sucede principalmente por dos motivos. El primer motivo es que se encuentran en una situación de incertidumbre respecto a sus futuros ingresos económicos. No saben si perderán su trabajo (si es que no lo han perdido ya), por lo que reducen su consumo para prevenir y anticipar momentos difíciles. Los primeros bienes y servicios que se resienten son los que los individuos consideran "un lujo", como es el caso de los automóviles, el turismo o el ladrillo. Estos gastos, como es lógico, se aparcan hasta que la situación económica sea más favorable y certera. Un segundo motivo por el que los individuos reducen su consumo es que observan como los precios de algunos bienes y servicios han disminuido y perciben que continuarán descendiendo en el futuro, por lo que deciden retrasar su consumo para hacerse con ellos a un menor precio en el futuro. Finalmente, a todo esto hay que unirle la dificultad de acceder al crédito (debido a la insolvencia de los bancos), cosa fundamental para la adquisición de un coche.

Ya solamente por esto que acabamos de exponer las ayudas al automóvil no funcionarán, porque como es obvio, alguien que está en paro (o cree que puede estarlo) no va a poder realizar una inversión en un coche simplemente porque rebajen su precio dos mil euros (en el mejor de los casos).

Pero es que además, las subvenciones al automóvil significan la transferencia de renta de los contribuyentes hacia ese sector. Todo lo que pierdan los ciudadanos será lo que gane el sector del automóvil. Es sencillamente un sistema de suma cero: todo lo que se les extrae a unos lo reciben los otros. Y esto significa que se transfiere riqueza coactivamente de unos sectores a otros de la economía, porque los ciudadanos no podrán gastarse el dinero que se les extrae vía impuestos en otras industrias, y éstas no obtendrán los ingresos que hubiesen tenido. El resto de industrias deberán disminuir sus ventas y restringir su producción para que se ayude y rescate al sector automovilístico. Los recursos, por tanto, no se asignarán eficientemente, ya que capital y mano de obra se trasladan a unas líneas de producción que en realidad no están siendo demandadas por la sociedad.

Se suele argumentar que hay que subvencionar directamente a la industria del automóvil porque si no dejará a muchos trabajadores en el paro en tiempos de crisis. Pero desgraciadamente para todos, es inevitable que haya desempleo en el sector. En su momento las empresas automovilísticas decidieron emprender nuevos proyectos de inversión animados por un aumento en la demanda provocada por las políticas de dinero barato orquestadas por los bancos centrales. Actualmente se han puesto de manifiesto estas malas inversiones, por lo que hay un exceso de recursos y mano de obra en ese sector debido a que los costes en que incurrieron las empresas no están realmente respaldados por ninguna demanda. La única forma de tratar esta situación de crisis es facilitar que los recursos y la mano de obra se trasladen a otros sectores más eficientes, rentables y competitivos.

Por tanto, la forma de luchar contra el desempleo en la industria del automóvil no es mediante subvenciones destinadas a intentar que las empresas conserven sus plantillas a toda costa (si no se quiere que las empresas quiebren o se vayan del país). Esto sólo significaría malgastar el ahorro de los ciudadanos, cuando lo que habría que hacer es favorecerlo, para que lo que se ahorra en bienes de consumo se invierta en bienes de producción.

La conclusión de las ayudas gubernamentales al automóvil es que, no sólo están beneficiando a un grupo a expensas de los demás, sino que están perjudicando a toda la economía del país porque se crea menos riqueza de la que se hubiera creado. No se puede querer solucionar un problema olvidando las reglas básicas de la economía. Sencillamente, perdemos y nos empobrecemos todos.

6 de mayo de 2009

El G-20 y la persecución a los paraísos fiscales


En este artículo comento el motivo por el cual los paraísos fiscales son necesarios y por qué individuos recurren a ellos. Se ha publicado en el Instituto Juan de Mariana.

Organizaciones burocráticas internacionales como la OCDE, la Comisión Europea, las Naciones Unidas o el G-20 han lanzado un ataque coordinado a los paraísos fiscales. Todo ello apoyado por los países de altos impuestos y gobiernos ineficientes como Francia y Alemania.

En realidad, el quid de la cuestión es que los Estados necesitan financiarse. Esta es la raíz (o problema, mejor dicho) del asunto. En un principio, el cometido del Estado era permitir la convivencia pacífica mediante la defensa de la propiedad privada, el cumplimiento de los contratos y la defensa interior y exterior. Pero a partir del siglo pasado, los Estados se han atribuido un sinfín de funciones: educación, salud, pensiones, telecomunicaciones, energía, televisión, radio, entre otros (dependiendo del caso). Y evidentemente, mantener esas enormes estructuras burocráticas (de poder) es costosísimo.

¿Cómo obtiene el Estado recursos para financiarse? Básicamente puede obtenerlos mediante el cobro de impuestos, la venta de activos y servicios, endeudándose y emitiendo moneda. De todas estas vías para financiar los gastos del Estado, la principal es la impositiva.

Qué duda cabe que los Estados desearían aumentar ilimitadamente los impuestos pero se encuentran que, llegados a un determinado punto, no pueden recaudar más por mucho que sigan aumentando los impuestos. Esta es la intuición que plasmó Arthur Laffer (economista de la oferta) en la curva que lleva su nombre. En la época de Ronald Reagan, Laffer dibujo esta curva en una servilleta para explicar a Dick Cheney las ventajas de una rebaja fiscal (la servilleta está actualmente depositada en una vitrina en el Bookings Institution). La curva, que tiene forma de U invertida, relaciona el tipo impositivo medio y los niveles de recaudación. En este diagrama, se coloca el tipo impositivo en el eje de abscisas, y los niveles de recaudación en el de ordenadas. Al principio de la curva, cuando los impuestos son del 0% (es decir, no pagamos impuestos), la recaudación del Estado es lógicamente cero. A medida que se van aumentando los impuestos, la recaudación del Estado empezará a aumentar desde cero hasta alcanzar un punto máximo. En este punto se encuentra el tipo impositivo "óptimo", ya que es el que produce los mayores ingresos para el Estado. A partir de este momento, si el Estado continúa incrementando los impuestos, su recaudación irá descendiendo progresivamente, hasta llegar a cero en el caso de un gravamen del 100% (porque nadie se molestaría en trabajar si sabe que perderá todo lo que gana).

Pese a que tanto el tipo de gravamen óptimo como la forma de la curva no se pueden conocer/calcular (y además varían de un país a otro), la curva de Laffer es una intuición sencilla e interesante porque nos dice que a partir de un cierto nivel de impuestos, el Estado va a ingresar menos. Este descenso en la tributación se pueden deber a diversas causas: destrucción de la producción, porque los proyectos dejan de ser rentables y se abandonan (o ni se empiezan); sustitución de trabajo por ocio; o porque propician el fraude y la evasión fiscal hacia paraísos fiscales.

Pero estas son solamente consecuencias de la principal causa: los ciudadanos sienten que la presión fiscal es excesiva. Sufren esta carga impositiva en su vida diaria. La defensa del individuo debe empezar por evidenciar esto, y señalar claramente que esta confiscación es ilegítima e injusta porque las personas son dueñas de sí mismas y, por tanto, de lo que producen. Es en este sentido que el individuo ve a los paraísos fiscales como verdaderos refugios (hay que recordar que tax haven no significa paraíso sino refugio fiscal). Es decir, se refugia en destinos donde la actividad económica esté menos gravada. Y es que mientras las regulaciones no son exageradas, los ciudadanos no suelen oponerse a ellas. Pero llega un punto en el que los ciudadanos ("contribuyentes" se les denomina) no están dispuestos a aguantar más imposiciones. Consideran que el tipo es demasiado alto y empezarán a dejar de pagar impuestos, ya que será más rentable el fraude (o el ocio) que el trabajo y la inversión. Dicho de otra manera, cuando los impuestos son excesivos, la gente tenderá a no obedecer la ley.

La existencia de los refugios fiscales es positiva porque promueve la "competición fiscal" entre los países. La globalización ha reducido las barreras entre naciones facilitando el flujo de capitales y trabajo de unas a otras, por lo que los políticos sienten la necesidad de bajar los impuestos para que los trabajadores y las inversiones no crucen la frontera. Que los Estados compitan entre ellos ha provocado recortes de impuestos y diversas reformas fiscales (aunque quizás no tanto como desearíamos). Si no existiese esta presión competitiva, no tendrían ningún incentivo para llevar a cabo esas reformas.

La existencia de los refugios fiscales es, además, un imperativo moral. Y es que existen países del mundo (la mayoría) en los que no se respetan totalmente los derechos humanos. Se persiguen a minorías étnicas, religiosas y sexuales; la corrupción y las expropiaciones son muy corrientes y habituales; existe una gran inestabilidad política y económica; y se violan continuamente los derechos de propiedad y libertades civiles. Pues bien, la existencia de refugios fiscales es esencial para la gente que vive en este tipo de países inestables, ya que les permite proteger sus activos y propiedades. Si usted fuese un ciudadano de Zimbabwe, ¿depositaría tranquilamente sus activos en un banco zimbabwense sabiendo que el dictador Robert Mugabe puede confiscarlos cuando desee?

Los países que desean exterminar los refugios fiscales suelen ser los que tienen impuestos elevados. Evidentemente no les interesa participar en la "competición fiscal" que hemos comentado antes. Tienen derecho a adoptar las medidas fiscales que deseen oportunas para su país, pero no están legitimados para crear una especie de cartel internacional impositivo. Tratando de eliminar refugios fiscales están pidiendo que esos países pierdan su soberanía para favorecer a sus ineficientes estados del bienestar. Quizás habría que recordarles que las colonizaciones ya acabaron.

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6 de abril de 2009

La insolvencia no se soluciona con liquidez y nacionalizaciones


En este artículo publicado en el Instituto Juan de Mariana comento que el problema de los bancos es de insolvencia y no de liquidez, por lo que es un error inyectarles más dinero y/o nacionalizarlos.

Los principales gobiernos del mundo encabezados por EEUU son conscientes de la magnitud de la crisis económica que sufrimos (la peor desde la Gran Depresión según Roubini y otros analistas destacados) y buscan desesperadamente remedios con el objetivo de aplacarla. Para hacer frente a la escasez de concesión de créditos a las familias y empresas, han tomado básicamente dos medidas: seguir inyectando liquidez y nacionalizar bancos (parcial o totalmente). Pero la aplicación de estas “soluciones” no ha aliviado la crisis en absoluto.

La primera de las medidas que implementaron fue la reducción de los tipos de interés para que se produjesen nuevas expansiones crediticias en la economía y los activos de los bancos volviesen a subir de precio. Esta es, por ejemplo, la política monetaria que ha llevado a cabo la
Reserva Federal, mediante inyecciones masivas de liquidez y bajando los tipos de interés casi al 0%. Sin embargo, el problema que se les presenta a los bancos no es de liquidez, sino de insolvencia. Es decir, no es que no puedan conseguir financiación para mejorar su flujo de caja, sino que el valor de sus deudas está muy por encima al valor de sus activos. En su momento, las entidades de crédito se aprovecharon de los bajos tipos de interés para adquirir deuda a corto plazo para invertir a largo (hipotecas). Ahora los bancos son insolventes porque no pueden hacer frente a sus deudas, y eso no se soluciona con liquidez, sino liquidando malas inversiones. Bajar los tipos de interés no es la solución a un problema de insolvencia, ya que un banco quebrado no va a prestar el dinero que reciba, sino intentar saldar su deuda.

Al ver que la reducción de tipos no ha sido un buen instrumento para reactivar el consumo y el crédito, la siguiente medida que están tomando los gobiernos es nacionalizar los bancos (parcial o totalmente) al ver que hay bancos en riesgo de quiebra (
cientos de pequeños bancos en EEUU). Es decir, adquirir activos inflados a los bancos para que se recapitalicen y concedan prestamos. Sin embargo, esto significa no entender el motivo por el cual se ha producido esta crisis coyuntural. En efecto, los bancos centrales, al reducir los tipos de interés de forma artificial y arbitraria, fomentaron que los bancos fuesen más flexibles y proclives a conceder créditos ya que se encontraban respaldados por ellos. Esta reducción de tipos hizo que apareciesen rentables negocios que en realidad no lo eran. Se indujo a actuar como si el ahorro de la sociedad se hubiese incrementado, cuando la realidad se trata de dinero inflacionario que han creado artificialmente gobiernos y bancos. Ahora que se han puesto de manifiesto los errores cometidos, es necesario un reajuste en la estructura productiva. Hay que liquidar los proyectos de inversión no rentables emprendidos y trasladar mano de obra y recursos productivos hacia sectores que los consumidores demanden más. Y eso sólo se efectúa mediante el ahorro voluntario de la sociedad, ya que únicamente a partir del ahorro puede surgir el crédito. Cuando los estados evitan que se liquiden las malas inversiones y aprueban planes de rescate como el del presidente Obama (838.000 millones de dólares), están consumiendo este ahorro voluntario de los ciudadanos, por lo que están agravando y alargando la crisis. En el caso de EEUU, esto puede acabar con el colapso del dólar y todo el sistema monetario. Como señaló el profesor Fekete, los activos tóxicos deberían ser liquidados inmediatamente y su titulización cancelada.

Por consiguiente, los gobiernos no deben incrementar artificialmente el crédito ni adquirir los activos tóxicos de los bancos técnicamente quebrados, sino llevar a cabo políticas que favorezcan el ahorro de los ciudadanos para financiar la recuperación económica. Y esto no se consigue mediante planes de
estímulo, sino dejando que los bancos insolventes quiebren, reduciendo notablemente el gasto público, dejando de emitir deuda pública, disminuyendo los impuestos, y permitiendo que los precios de los activos inflados se ajusten.

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22 de marzo de 2009

Mugabe y Keynes: únicos culpables de la hiperinflación de Zimbabwe


En este artículo publicado en el Instituto Juan de Mariana explico la hiperinflación de Zimbabwe, señalando a Mugabe como único culpable de la catástrofe que viven los zimbabwenses por aplicar políticas sociales y económicas que han fracasado una y otra vez.

De todos es conocido que Zimbabwe lleva toda esta década sufriendo una grave crisis económica. Con el dictador socialista octogenario Robert Mugabe en el poder desde la independencia del país en 1980, ha estado sumergida en una hiperinflación desde 2007. El que fuera uno de los países más ricos y prósperos del continente africano (no en vano se le denominó “el granero de África”) vio como su inflación se situaba en agosto a unos ¡230 millones por ciento! Un euro se cambiaba por 66.000 dólares zimbabwenses. La tasa de desempleo ya es superior al 90% y la moneda ha perdido totalmente su valor. Actualmente la oficina estatal de estadísticas ya ha dejado de publicar las cifras de inflación (por orden del gobierno), pero hay estimaciones que la sitúan en torno a billones por ciento. Parece claro que pasa por una de las hiperinflaciones más duras de la historia.

Esta espiral hiperinflacionaria fue iniciada y liderada por Mugabe cuando comenzó a implementar políticas inflacionistas, es decir, obligar al Banco de Reserva de Zimbabwe (RBZ) a incrementar la cantidad de dinero en el sistema económico para comprar la deuda emitida por su gobierno, lo que provocó una imparable subida de precios debido a la progresiva pérdida de valor de la moneda.

Los gobiernos utilizan la inflación para financiarse y poder realizar sus proyectos sin aumentar los impuestos (éstos son impopulares a partir de un cierto punto). En la Alemania de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, se recurrió a la inflación para financiar los enormes gastos bélicos. En el caso de Zimbabwe, se ordenó la impresión de billetes ex novo por parte del
Banco de Reserva para financiar el gran déficit fiscal ocasionado por las nacionalizaciones de explotaciones agrarias en el año 2000.

El gobierno empezó a apoderarse de las explotaciones agrícolas de los blancos (fuente de desarrollo del país) para entregárselas a los negros, argumentando que de esta forma la producción y la riqueza aumentarían notablemente, además de mejorar la situación de los negros después de haber sido explotados por los blancos durante tanto tiempo.

La realidad es que lo único que ha conseguido Mugabe ha sido generar la primera hiperinflación del siglo XXI, dejar sin trabajo a casi toda la población y causar hambrunas y miseria. Ha quebrado la economía del país, ya que la producción del sector agrícola se ha derrumbado y los inversores extranjeros se han retirado completamente. Todo ello ha terminado hundiendo el ingreso tributario del gobierno provocando un enorme déficit fiscal. El gobierno reconoció hace más de un año que el déficit fiscal equivalía por aquel entonces al 40-45% del PIB.

Lenin dijo: “¿Queréis destruir una nación? Primero destruid su moneda”. Eso es exactamente lo que habrá pensado Mugabe. Su gobierno socialista creó ese dinero nuevo para que fuese gastado y utilizado en unos determinados bienes y servicios, que aumentaron de precio antes que los demás. Esto significa que no todo el mundo se beneficia por igual de esas impresiones de dinero, porque cuando el dinero entra en la economía, hay unos agentes que lo reciben primero y se benefician de él (grupos privilegiados y otros amigos del gobierno), gastándolo y consumiendo esos determinados bienes y servicios antes de que su efecto se refleje en los precios. La inflación afecta a la población de manera diferente.

Los habitantes zimbabwenses creyeron en un primer momento que la subida de precios de ciertos bienes iba a ser pasajera y que después de un cierto tiempo los precios descenderían a su nivel anterior. Pero llegó un momento en que se dieron cuenta que no se iba a regresar al escenario preinflacionario, es decir, que los precios seguirían siendo mayores mañana que hoy. ¿Qué hace la gente en estas circunstancias? Deshacerse de sus saldos de caja comprando bienes (¡incluso aunque no los necesiten!) porque los billetes quedan obsoletos rapidísimamente. Como los precios varían incluso a lo largo del día, corren a hacer
colas en los bancos para retirar su dinero antes de que pierda todavía más valor. Los ciudadanos huyen del dinero y buscan sustituirlo por otros activos que conserven mejor el valor (principal función del dinero), comprando cualquier activo que pueda salvaguardar el valor de su riqueza. No es casualidad que se haya extendido el uso del oro, el dinero por excelencia.

El gobierno siguió gastando y el RBZ financiaba los gastos imprimiendo el dinero, pero la inflación nunca puede seguir indefinidamente. Tiene un límite: la muerte de la moneda. No importa si
Gideon Gono (presidente del RBZ) sigue introduciendo más dinero, si sigue quitando 10 ceros a la moneda o si pone en circulación nuevas denominaciones de billetes para frenar la falta de liquidez. Finalmente la demanda de saldos de caja cayó hasta cero.

Que los ciudadanos pierdan todo el valor de su riqueza sólo parece preocuparle a
Mugabe por una sencilla razón: pierde fuentes de financiación. En efecto, cuando el dólar zimbabwense colapsa, ya no puede ser utilizado como moneda de curso legal, por lo que ya no se puede exprimir más la imprenta. Pero tampoco puede recaudar más impuestos ni expropiar más tierras y bienes. ¿Cuál es la solución que ha tomado? Introducir una nueva moneda, es decir, permitir que los comercios acepten divisas extranjeras como forma de pago (la mayoría pone sus precios en dólares estadounidenses). Esta es la única manera que podrá seguir financiándose.

La verdad es que dos cosas parecen claras: que el ex-guerrillero no está dispuesto a
dejar el poder en absoluto (después de casi 30 años), y que la culpa de la catástrofe que viven los zimbabwenses es sólo suya y de las políticas socialistas basadas en teorías keynesianas que aplicó su gobierno.

Y es que esta hiperinflación es fruto de seguir aplicando las mismas recetas keynesianas que han fracasado una y otra vez, es decir, políticas monetarias inflacionarias con la falsa creencia de que hay que incrementar la cantidad de dinero y el gasto público para que el desempleo desaparezca y la demanda aumente. Son estas recetas y no otras, las que han derrumbado la economía del país causando la escasez de alimentos, medicinas, divisas y combustibles; son éstas recetas, las que han provocado que la esperanza de vida haya caído hasta los 36 años y la tasa de mortalidad para los niños de hasta cinco años se haya disparado al 65% desde 1990; y son éstas recetas, las que han forzado a millones de zimbabwenses a emigrar. En definitiva: son éstas recetas y no otras, las que han convertido a “la joya” de África en una verdadera
pesadilla.

11 de marzo de 2009

11-M: la irresponsabilidad del Estado


Este artículo es mi humilde homenaje a las víctimas del 11M, donde además comento qué significaron las acciones del Estado para los individuos.


Hoy se cumplen 5 años de los atentados del 11 de marzo de 2004, también conocidos como 11-M. Madrid sufrió el mayor atentado terrorista perpetrado jamás en España. Sus 191 muertos y más de 1.500 heridos hacen imposible olvidarlo.

Yo no voy a hacer ningún análisis partidista. Todos los partidos españoles se comportaron de forma bochornosa aquellos días, intentando rentabilizar electoralmente los atentados de forma vil. Era de esperar. No creo que ninguno deba salvarse. Todos están en el mismo saco. Me interesan las víctimas, y lo que creo que debo comentar es qué significaron las acciones del Estado para los individuos, con el objetivo de ver si éste sobrepasó sus funciones legítimas. Lo cual significa reflexionar brevemente sobre la política exterior del Estado español en aquel momento para ver su responsabilidad en este asunto.

Veamos. Aunque el gobierno no entró formalmente en guerra porque sólo envió tropas destinadas a aportar ayuda humanitaria, incrementó y fomentó la hostilidad de los países intervenidos. Creo que tiene cierta lógica pensar que el apoyar de forma muy notoria la intervención en Irak, tomar partido en conflictos y estacionar tropas en otros países tuvo sus consecuencias. Tratar de vigilar y “hacer un mundo mejor, libre y democrático” para todas las naciones tiene un coste.

Directa o indirectamente el gobierno español tomo una posición de intervencionismo militar y, desde mi punto de vista, las acciones del gobierno en este sentido no protegieron a sus ciudadanos, sino que pusieron en peligro su seguridad de forma innecesaria. Mi opinión es que el Estado nos debe proteger de las genuinas amenazas externas, y no creo que Irak fuese una amenaza seria contra el pueblo español.

NOTA: No quiero que se confunda mi posición con la de los socialistas del PSOE. La diferencia reside en que mientras yo defiendo la no-intervención como principio general, los socialistas se opusieron a la intervención en Irak simplemente para sacar rédito político. La prueba está en que no tienen inconveniente en intervenir y enviar tropas a otros países siempre que lo consideran oportuno (véase
Afganistán, Kosovo, Bosnia, Líbano, Kirguistán, Chad, Yibuti y otros países) o en vender armas a China, Cuba y Venezuela. Repito que no quiero que se identifique mis opiniones con la de ningún partido político. Creo que la diferencia entre el núcleo de mis posiciones y las suyas es abismal.

Volviendo a la cuestión. En cuanto a libertades individuales, no hay que olvidar que el intervencionismo militar siempre supone, en mayor o menor medida, la violación sistemática y creciente de derechos individuales y la expansión de la organización estatal. No sólo son sistemáticamente incapaces de cumplir su promesa de protegernos (función básica del Estado) y prevenir ataques terroristas sino que, además, utilizan las crisis para ampliar e incrementar su poder a expensas de las libertades y propiedades de sus ciudadanos/súbditos.

Con estas medidas intervencionistas sobre otros países, los gobiernos dificultan la armonía y la cooperación entre los ciudadanos del país y la gente de otras naciones. En vez de buscar el reducir los impuestos, el gasto militar y fomentar el libre comercio con otras naciones, hacen todo lo contrario. No contribuyen a la apertura y prosperidad económica y, desde luego, no contribuyen a “hacer el mundo mejor para todos nosotros y nuestros hijos”.

¿Quiénes pagaron el coste de los errores del Estado? Los mismos de siempre: los ciudadanos. Gente inocente, humilde y trabajadora, ajena a los conflictos creados por los Estados. Personas anónimas que se habían levantado esa mañana, como cada día, para ir a trabajar o estudiar con el objetivo de mejorar sus vidas y las de sus familias. Ciudadanos corrientes, de carne y hueso, que no persiguen los intereses y fines de un grupo de burócratas dictatoriales (sean del partido que sean), sino los suyos propios.

Nosotros deberíamos perder la inocencia de una vez por todas, y ellos deberían ser
homenajeados y no olvidados. Descansen en paz.


9 de febrero de 2009

La imposibilidad de predecir la conducta humana


En este artículo publicado en el IJM hablo de la imposibilidad de predecir la conducta humana, especialmente mediante las corriente de pensamiento que se basan el paradigma estímulo-respuesta.

Existen corrientes de pensamiento en psicología que desean explicar el comportamiento humano en función de los estímulos del medio ambiente ya que consideran que éstos moldean y controlan las acciones de las personas. Plantean que la conducta (y no la mente o la psique) debe ser el objeto de estudio de la psicología porque responde siempre a factores externos al propio individuo, los cuales son observables, visibles, empíricos.

Siguen, por tanto, una línea positivista que valora los hechos en sí mismos, es decir, todo aquello que es medible. Expresan que sólo cabe hacer ciencia de lo observable porque es lo único objetivo. Todo lo demás carece de rigor científico.


En realidad, estas líneas de pensamiento surgieron del intento de desarrollar una psicología objetiva en contraposición a una psicología subjetiva con el objetivo de que la psicología tome carta de naturaleza científica. De esta manera, dicen, la psicología se convertirá en ciencia al eliminar todo aquello que no pueda ser observado y medido “objetivamente”. Entrará en el dominio de la ciencia ya que no solamente se podrá conocer, sino que también se podrá predecir. El objeto de las investigaciones no será el de describir la conducta humana sino formular leyes que permitan predecirla.

Para ello, abordan el estudio de la conducta humana basándose en el paradigma estímulo-respuesta (E-R), en donde el estímulo es cualquier factor externo o cambio en la condición fisiológica del animal, y la respuesta es la reacción o conducta frente a tal estímulo. El método utilizado será la experimentación u observación controlada, es decir, el empleado en de las ciencias naturales.

Aquí nos interesa señalar una de las conclusiones a las que llegan y persiguen: si la conducta puede condicionarse, la psicología podrá predecir y controlar la conducta de la misma forma que ocurre con los objetos de estudio en las demás ciencias naturales. Las actividades humanas podrán ser explicadas si se reconoce la respuesta a un estímulo, como si de una máquina se tratase.

Arguyen que si supiésemos todos los estímulos a los que está sometido una persona, podríamos predecir su comportamiento. Watson, fundador del conductismo, creyó que controlando los estímulos del ambiente se podía incluso moldear el carácter de las personas en la dirección deseada. Basta con cambiar convenientemente esos factores externos para obtener la conducta deseada en un individuo.

El gran error de estas “teorías” que tratan de dotar a la psicología de objetividad es no darse cuenta que: no son los estímulos los que determinan la acción humana y la conducta, sino nuestras creencias, pensamientos y juicios de valor. Dicho de otra manera: es la interpretación que el ser humano da a los estímulos recibidos la que determinará su respuesta. El ser humano no es un agente pasivo al cual el ambiente influye sin que exista reciprocidad.

Las teorías basadas en el paradigma E-R no pueden explicar por qué, dada una determinada situación o estímulo, dos personas pueden actuar de forma distinta. Incluso que una misma persona que se encuentra dos veces ante la misma situación pueda reaccionar de manera distinta aunque se mantengan las condiciones. La Ley del Efecto de Thordike, según la cual cualquier acto que produzca un efecto satisfactorio en una determinada situación tenderá a ser repetido en esa situación, está claramente equivocada y no tiene sentido al querer aplicarla al ser humano.

El paradigma E-R presenta una lógica mecanicista dentro de la cual se le niega al hombre toda su autonomía, toda capacidad de generar sus propias conductas y
toda posibilidad de darle un sentido a su acción.

Y es que si quisiéramos explicar las acciones concretas o la conducta de una persona, deberíamos tener en cuenta toda la historia personal del individuo, es decir, movilizar toda su experiencia anterior.

Y aquí entramos en otro gran error de las teorías del E-R: la tendencia a quedarse en los hechos directamente observables/experimentales (aspiración empírico-positivista). No tienen en cuenta cuestiones que afectan la toma de decisiones pero que no se pueden medir, por lo que establece que el hombre es idéntico a su comportamiento, es decir, que se reduce a meros actos o reacciones estímulo-respuesta.

Caen en un simplismo reduccionista al intentar aprehender la complejidad de toda la conducta reduciéndola a asociaciones (más o menos complejas) de estímulos y respuestas. Reducen la psicología a fisiología al suponer que toda la conducta de los seres vivos puede interpretarse fisiológicamente. También reducen lo psíquico a la conducta ya que convierten a la mente a una especie de caja negra en la cual ciertas nociones como las emociones, la personalidad, los pensamientos, la conciencia, la intuición, las ideas, el yo, los sentimientos, las intenciones, no tienen sentido, cabida ni interés real. No tienen en cuenta que la vida mental del ser humano es un factor de su conducta.

La predicción de las acciones concretas de un individuo no es, por tanto, un “problema tecnológico” ya que hay aspectos que orientan la conducta que nunca podrán ser registrados. No solamente no son tangibles/físicos, sino que el propio individuo sólo es consciente de una minúscula parte de ellos, ya que desde las intuiciones (más o menos correctas) de Freud sabemos que el ser humano no es completamente consciente de lo que le mueve a tomar decisiones y a actuar de una manera concreta (“el yo no es dueño y señor en su propia casa”).

Pero es que aunque la medición de todos los factores que condicionan la acción fuera posible (cosa que a todas luces hemos visto que es imposible), la predicción de la conducta y comportamiento humano seguiría siendo imposible. Y esto es debido a que el hombre actúa en base al conocimiento que tiene en el momento presente de la acción. Pero el conocimiento de las personas varía en el tiempo debido a que aprenden e incrementar su información. La implicación de este hecho es que un individuo no puede predecir su comportamiento en el futuro porque desconoce el conocimiento que tendrá en ese momento. No puede saber cómo actuará en base a un conocimiento que no existe. Desconoce en qué manera variará su conocimiento con respecto al que posee actualmente porque todavía no lo ha adquirido. La posibles causas de nuestras acciones sólo pueden ser explicadas y reconstruidas después de los eventos, de la misma forma que uno sólo puede explicar su conocimiento únicamente después de que lo posee. Así que, aunque pudiéramos conocer todos los estímulos y factores que determinan la acción de una persona en el presente, no podríamos predecir su comportamiento en el futuro porque se basará en un conocimiento/información que variará y se incrementará desde ahora hasta ese momento de una forma que actualmente desconocemos.

En realidad, estas teorías del E-R están basadas en la “psicología” animal (y la psicología infantil), siendo sus métodos procedimientos de éstas en lo capital. Sin embargo, el principio de continuidad física (evolutiva) de los animales al hombre no justifica la extrapolación de la metodología y los resultados de las investigaciones realizados con animales al ser humano. Resulta absurdo y carece de validez científica el tratar de explicar comportamientos humanos tremendamente complejos (lenguaje, moral, sociedad, creación artística) a partir de respuestas simples de animales (por ejemplo, una paloma apretando una palanquita).

Y es que los animales no elaboran teorías e ideas de cómo las cosas son o deberían ser. No interpretan la realidad ni el mundo. No se puede hablar, en definitiva, de procesos de conciencia ni de psicología animal. Es un error forzar e intentar buscar facultades intelectuales del hombre en los animales.

Utilizar la misma metodología para el estudio de animales y seres humanos sería negar esta diferencia entre ellos, y llevaría a tomar el presupuesto ontológico de que el ser humano carece también de procesos de conciencia. Bajo su apariencia de ciencia, su valor experimental no va más allá de un exitoso y ya conocido adiestramiento de animales. La verdad, como dijo Russell, es que “de estos puntos de vista sólo ha surgido sabiduría animal”.


15 de diciembre de 2008

Hay que privatizar la moneda


En este artículo explico una de las condiciones para alcanzar un sistema monetario sano: eliminar el monopolio gubernamental sobre la moneda. Se ha publicado en el Instituto Juan de Mariana.

Cuando explicamos los motivos por los cuales se producen las crisis económicas, aconsejamos que para prevenirlas y alcanzar un sistema monetario sano sería necesario que la abolición de los bancos centrales fuese acompañada de la privatización del dinero. Dicho de otra manera: hay que eliminar el monopolio gubernamental sobre la moneda, que es una institución vital para la vida económica ya que sin ella no habría precios y se limitarían considerablemente los intercambios.

La primera idea importante con respecto al dinero es que no son los gobiernos los que dan valor al dinero ni los que deciden qué es dinero. Señaló Menger que sólo podemos entender el
origen del dinero si consideramos este procedimiento social como un resultado espontáneo, es decir, como consecuencia no prevista de los esfuerzos individuales.

Y es que el dinero surge al intentar solucionar los problemas que presenta el trueque (intercambio directo). A lo largo de la historia se han utilizado muchos bienes distintos como medio de intercambio: ganado, sal, café, azúcar, esclavos, seda, entre otros. Sin embargo, finalmente se llegó en casi todas las zonas y culturas a utilizar los metales como medio de intercambio. En especial la plata y
el oro. Lo cual nos demuestra que estos bienes cumplen mejor las funciones de dinero que el resto de bienes. Por tanto, es la gente, mediante un procedimiento de prueba y error, la que decide en qué bien o bienes conservar su riqueza.

De la misma forma que el lenguaje, el mercado o el derecho, la moneda debe caer dentro del concepto de orden espontáneo. La salud de la moneda sólo se consigue permitiendo emisores privados que compitan, ya que sólo de esta manera podemos descubrir empresarialmente qué dinero es más conveniente para la gente.

Los productores de dinero intentarán descubrir oportunidades de ganancia y aprovecharlas en un proceso dinámico sin fin, rivalizando unos con otros en el ofrecimiento de beneficios. Pese a que no podemos saber los resultados concretos de un mercado de dinero que evoluciona libremente, White señala algunos servicios que podrían ofrecer: convertibilidad fácil, formas y tamaños convenientes, colores atractivos, seguros contra falsificaciones y un conjunto ventajoso de valores nominales, entre otros. Evidentemente, el monopolio gubernamental de la moneda hace imposible la función y el descubrimiento empresarial que llevaría a cabo este proceso.

Las consecuencias de que se nos haya expropiado el dinero, es decir, de utilizar papel moneda no convertible en un entorno de curso forzoso, son altamente perjudiciales. Por un lado, el papel moneda inconvertible es un bien que la gente no desea por sí mismo porque no cumple la función principal del dinero: la conservación de valor. Es por ello que la gente tiene que
trasladar riqueza a bienes como la propiedad inmobiliaria, las materias primas o las acciones. El papel moneda sólo se utiliza para realizar pagos.

Por otro lado, aumenta notablemente el poder y el intervencionismo de los gobiernos. Se entra (a partir de 1971) en la “era de la inflación” (Rueff), ya que los gobiernos la utilizan como recurso. Hasta que fue expropiado por el Estado, el oro impedía a los gobiernos expandir la oferta crediticia exógenamente, porque el oro no podía ser creado “de la nada”. Ya no existe la preocupación de conservar las suficientes reservas metálicas para hacer frente a sus compromisos.

Sencillamente, un mercado competitivo de dinero es la mejor garantía contra la inflación. Hay que eliminar el curso forzoso legal y todas las restricciones legales sobre la moneda porque destruye el proceso de descubrimiento empresarial y limita las opciones de medios de intercambio.

Por ello, Hayek afirmó que los gobiernos han explotado sistemáticamente el monopolio de la moneda en beneficio propio y en perjuicio de la población, y añadió que “espero que no se tarde mucho en comprender que la libertad en utilizar la moneda que libremente se prefiere constituye una marca esencial de un país libre”.


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Sobre las crisis económicas, los planes y demás intervenciones
Hay que abolir los Bancos Centrales

17 de noviembre de 2008

Hay que abolir los Bancos Centrales


En este artículo publicado en el IJM explico los motivos por los que hay que abolir los bancos centrales si se desea llegar a un sistema monetario sano.


En un artículo anterior comenté que una de las condiciones para un sistema monetario sano era la derogación de la legislación bancaria y la abolición inmediata de los bancos centrales. Esto suele parecer una medida sorprendente e incluso extremista, ya que casi todo el mundo parece aceptar que el gobierno debe ostentar el monopolio de la emisión de dinero. Sin embargo, bajo mi punto de vista, esto carece de base teórica y no encuentro ninguna justificación para que el gobierno tenga este monopolio.

Y es que las crisis bancarias y crisis económicas de carácter cíclico son inseparables de la manipulación monetaria como ya
vimos: las políticas expansionistas crean unos tipos de interés artificialmente bajos que crean la sensación de que hay un mayor ahorro disponible, es decir, que ha habido un cambio de preferencia temporal, lo que induce a que se invierta en proyectos antieconómicos.

La idea de fondo del paradigma dominante en cuestiones monetarias que impregna y justifica la intervención monetaria es que puede existir una adecuada manipulación de la oferta monetaria y los tipos de interés que fomente un crecimiento estable y sostenido.

El problema de esta idea es no entender que el tipo de interés es claramente un fenómeno de mercado. Es un importante precio de mercado que relaciona los bienes presentes con los bienes futuros. En los procesos empresariales de coordinación intertemporal tiene un papel protagonista porque regula la relación entre consumo, ahorro e inversión.

El ajuste de los comportamientos presentes y futuros lo realiza la función empresarial en el mercado de intercambio de bienes presentes por bienes futuros. Es en este mercado en donde se fija el tipo de interés, y está constituido por toda la estructura productiva de la sociedad, en la que los ahorradores (oferentes o vendedores de bienes presentes) renuncian al consumo inmediato y ofrecen bienes presentes a los propietarios de los factores originarios de producción y bienes de capital a cambio de obtener un mayor valor de bienes en el futuro.

No importa si la autoridad monetaria decide expandir, contraer o dejar intacta la masa monetaria: cualquier decisión que tome distorsionará los precios relativos. Los dirigentes de los bancos centrales forzosamente se equivocan porque sus decisiones serán distintas de las que se hubieran adoptado en los procesos de mercado.

Además, decía Mises que ninguna ley económica es más impopular que esta: que los tipos de interés son, a largo plazo, independientes de la cantidad de dinero, porque ni siquiera la expansión de crédito más grande puede cambiar la diferencia de valoración entre bienes presentes y bienes futuros.

No se entiende como algunos liberales se oponen a la existencia de órganos de planificación central cuyo objetivo sea el de establecer los precios de distintos bienes y, sin embargo, deseen mantener los bancos centrales, que no dejan de ser órganos de planificación central que pretenden establecer tasas de interés. Hay que abolir los bancos centrales de la misma forma que se deben abolir cualquier organismo de planificación central.

Sencillamente, los tipos de interés son precios, y el mercado es el único instrumento que permite conocer cuales son las preferencias de los ahorradores y de los consumidores. Los bancos centrales han usurpado el papel del mercado en la esfera monetaria. No existe un criterio objetivo para fijar un tipo de interés. Por tanto, no se puede hablar de que los tipos sean altos o bajos porque no hay un punto de referencia que se pueda tomar para fundamentar esta afirmación. Conceptos como el “fine tuning” o la “cantidad óptima de dinero” carecen de sentido y deberían ser eliminadas de los manuales de economía.

El intervencionismo monetario no puede conseguir lo que se propone y está condenado al fracaso. No puede hacerlo porque no es teóricamente posible que los dirigentes y funcionarios de los bancos centrales dispongan de la información necesaria para dar contenido a sus mandatos. Por un lado, es lógicamente imposible debido a que la información relevante es práctica, se encuentra dispersada en la mente de todos los hombres de forma tácita y, por tanto, no es articulable. No puede ser formalizada y no se puede concebir la transmisión de esta información al órgano director. Y por otro lado, aunque fuera transmisible, el órgano de planificación central no podría asimilar e interpretar el inmenso volumen de información necesaria.

Lo único que se consigue con la existencia de los bancos centrales es provocar una generalizada mala inversión de los recursos y factores productivos e imposibilitar que se descubran las situaciones de desajuste que se dan en la sociedad. Por lo tanto, genera descoordinación y desajuste, porque los agentes actúan de manera contradictoria y sin darse cuenta de que cometen errores sistemáticos. Lo cual acabará en la falta de calidad de los bienes y servicios e incluso en problemas de escasez. Curiosamente, se utiliza esta descoordinación social para justificar ulteriores dosis de intervención.

Hayek señaló que un organismo monopolista único no puede poseer la información que permite determinar la oferta de dinero, y añadió que, “incluso si supiera lo que debe hacer en beneficio del interés general, habitualmente no estaría en disposición de actuar de ese modo”.

Y es que hay que ser muy ingenuo para creer que los funcionarios gubernamentales y los directivos de los bancos centrales son guardianes desinteresados de nuestro bienestar que no intentarán buscar privilegios y réditos políticos mediante el monopolio de la emisión de moneda.

En este sentido, la autoridad monetaria puede beneficiar a sectores o industrias por motivos políticos simplemente obligando a los bancos a ampliar el crédito a la vivienda o a la agricultura, por ejemplo. Otra manera de conseguir rédito político es seguir una política monetaria expansiva en los años electorales. De esta manera se consigue una reducción temporal del desempleo a muy corto plazo, que puede hacer que los votantes se decanten por el partido que está gobernando. Es lo que sucedió en la reelección de Nixon en 1972. Evidentemente a largo plazo este tipo de políticas son económicamente destructivas, pero pueden hacer que el poder político consiga su principal fin, que no es otro que perpetuarse en el poder.

Otro motivo para eliminar los bancos centrales es que no pagarán por sus errores como sí que lo haría un empresario o cualquiera de nosotros en un mercado libre. En este sentido, L. H. White comparaba su funcionamiento con el de un Imperio. La eliminación del monopolio de la emisión de dinero haría mucho más difícil el intervencionismo y control estatal de la economía.

La existencia de una sociedad libre implica necesariamente la compresión de los fenómenos monetarios. El desconocimiento teórico en este campo lleva a grandes dosis de intervencionismo y coacción estatal. De ahí que Hayek considerase que la historia es la historia de la inflación generada por los gobiernos para su propio beneficio.

Es verdad que los fenómenos monetarios son mucho más complejos, abstractos y difíciles de entender que los de otros campos. Incluso un pensador de la talla de Hayek llegó a defender el monopolio gubernamental en materia monetaria en Los Fundamentos de la Libertad. Afortunadamente cambió su postura en su ensayo posterior La Desnacionalización del Dinero. Rectificar es de sabios, y Hayek lo era. ¿Lo seremos nosotros?

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